Matemáticas + rock: una ecuación profundamente humana

Las matemáticas y el rock se conectan a través de ritmos complejos, frecuencias sonoras e incluso géneros enteros construidos sobre estructuras numéricas. A través de patrones, ordenamientos y algoritmos surge una particular armonía capaz de dar forma a obras sencillamente perfectas, donde antes de intentar comprenderla, la música ya nos hizo sentir. Esta relación comienza en el propio sonido: cada nota corresponde a una determinada frecuencia de vibración y las relaciones entre esas frecuencias permiten construir alturas e intervalos. Pero los números también aparecen en el ritmo.

Un ejemplo particularmente curioso son los llamados ritmos euclidianos, construidos al distribuir una determinada cantidad de pulsos de la forma más uniforme posible dentro de un ciclo. La idea se vincula con el célebre algoritmo de Euclides, formulado hace más de dos mil años para calcular el máximo común divisor. Así, un procedimiento nacido en la matemática antigua encuentra una inesperada expresión en algo tan humano como organizar golpes, silencios y pulsos.

Y es que con frecuencia percibimos métricas como 5/4, 7/8, 11/8 o 13/8 en lugar del clásico 4/4, que acostumbramos a notarlo en diversas bandas y que nos muestran como una fracción, una razón, aspectos propios al currículo de enseñanza básica, trascienden a la música. Y en Chile tenemos extraordinarias agrupaciones que nos muestran como matemáticas y rock están muy conectados. La banda Eje Abstracto, en su canción "Entropía", nos enseña cómo conectar el caos de manera perfecta y delicada. Desde el inicio, la desafiante misión de comprender los golpes de batería y hacerlos coincidir con el tempo propio de la canción se resuelve de manera sorprendentemente orgánica. El desorden y la dispersión parecen dominar la pieza, pero terminan convergiendo en una sincronía delicada y precisa, construida por estos músicos oriundos de Chillán. Y es que en "Entropía", paradójicamente, el caos también tiene orden.

Algo muy similar ocurre al recordar ciertos momentos del jazz, desde "Canción Formal" en 7/8 hasta el corte "Rap-Rock", donde Fulano fusiona matemáticamente los fills de batería con la preciosa voz de Arlette Jequier. O cuando volvemos a algo tan elemental como aprender a contar desde pequeños, como ocurre al inicio de "Un Juego", de La Marraqueta: una entrada particularmente sensible donde la aparente disociación entre el hi-hat y la caja de Pedro Greene, la línea de bajo de Pablo Lecaros y el llamativo sonido del piano de Andrés Pollak terminan construyendo una sincronía tan compleja como natural.

Otro elemento que me llama mucho la atención es lo que se produce al verlos en vivo. Cuando estás ahí, frente a las bandas, viene la magia. La primera vez que vi a Akinetón Retard quedé asombrado con "Cadencia Urmana". Los vientos y sutiles golpes en splash de Cristian Bidart anuncian que algo está por ocurrir, hasta que los saxos entran en un juego de preguntas y respuestas, luego bajo y guitarra irrumpen con una figura en Do, Do# y Si, y aquello que parecía disperso comienza a ordenarse. Tres notas cambian la geometría del momento, transitando de tensión a un respiro.

Por otro lado, en 2006, nació "Heaven Denied", de los tremendos Nuclear, donde el término del álbum es un final matemáticamente cuadradito, cerrado, donde cada figura de su baterista, Punto Sudy, parece milimétricamente calculada. Pero la sorpresa aparece en vivo: en los últimos instantes de "Mindfucked C.S.", luego de un juego de preguntas y respuestas entre los implacables solos de Francisco y Sebastián, Sudy baja el tempo, dobla los bombos y juega con corcheas entre ride y hi-hat, rompiendo la aparente rigidez sin perder la estructura: desordena el cálculo para terminar imprimiendo un sello matemático perfecto.

Tal vez lo más interesante de los shows en vivo ocurre cuando esa arquitectura perfecta abandona los instrumentos y llega a quien escucha. En esa línea, RAMA transforma toda esa precisión en energía, desde la sencilla invitación a averiguar "Cuántos Somos" en su emotivo disco "Imposible" del año 2013, hasta "Manifiesto" del año 2018, en donde de forma muy emotiva y sincera te invitan a escuchar la intuición cuando el ruido exterior intenta imponerse. Su música envuelve y nos lleva hacia distintos lugares: recuerdos, preguntas, aquello que somos y aquello que todavía podemos ser. Nos invita a volver a nosotros mismos para descubrir aquello que nos conecta con los demás, haciendo de la verdad, la intuición y la unión, una forma de estar en el mundo. Tal vez allí ocurre la ecuación más hermosa de todas: cuando sonido, emoción y memoria se encuentran, nos sentimos vivos, sensibles y profundamente humanos.