Imagine que le preguntan, en privado y sin que nadie sepa quién respondió, si realmente cree que el sistema en el que trabaja fue pensado para resolver el problema que enfrenta todos los días.
Eso fue lo que se les preguntó, en 2025, a funcionarios del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia (SNPE), como parte de la primera evaluación independiente del Servicio desde su creación. El estudio fue realizado por el Centro de Sistemas Públicos de la Universidad de Chile, por encargo de Unicef, y sus resultados se dieron a conocer hace pocos días.
El 37,3% de los funcionarios dijo estar de acuerdo con que los programas del SNPE se diseñan pensando bien en los problemas que buscan resolver, 35% estuvo en desacuerdo, y 27,6% prefirió no tomar posición. Pero dentro de ese 37,3% que dijo estar de acuerdo, solo 9,2% del total respondió con el grado más alto de convicción, completamente de acuerdo y sin matices. La respuesta cambia mucho según la región. En Arica el acuerdo llega a 63,6%, mientras que en Tarapacá y Coquimbo predomina el desacuerdo. En casi todo el país, muy pocos están completamente convencidos.
Conviene detenerse un segundo, porque es fácil malinterpretar esto. No es que a los funcionarios les falte compromiso. Fueron ellos, respondiendo con honestidad, quienes dejaron ver el problema. Uno de los entrevistados lo dice sin rodeos: "Este servicio no tiene teoría de cambio" -no tiene claro, de forma compartida, cuál es el camino que debe seguir cada intervención para que un niño realmente mejore su situación-, y su funcionamiento tiene "un tinte no sistemático ni sistémico". Un director regional lo atribuye a instrumentos diseñados desde Santiago, tan rígidos que impiden tener un plan claro de cómo se logra el cambio en cada niño.
El propio informe llega a la misma conclusión por otro camino. Quienes fueron entrevistados para la evaluación perciben que el origen del SNPE, nacido por ley en plena crisis del Sename, derivó en un servicio enfocado en cumplir la normativa antes que en construir un modelo que funcione. No dice que eso explique matemáticamente el 9,2%; son hallazgos distintos. Pero apuntan en la misma dirección. Se armó un servicio para cumplir la ley. Todavía no se termina de armar uno que sepa explicar, con claridad, cómo su trabajo del día a día se traduce en una reparación real para los niños y niñas que atiende.
El SNPE ya lleva casi cinco años funcionando y la evaluación reconoce avances. El problema no es la intención de las personas que trabajan ahí. El equipo evaluador priorizó diez recomendaciones, y la segunda, justo después de fortalecer el liderazgo del Servicio, pide algo que a estas alturas ya debería estar resuelto. Construir un modelo claro que explique cómo el trabajo diario del SNPE efectivamente repara el daño de quienes atiende.
Ese modelo claro es, justamente, lo que hoy no existe. El SNPE existe para niños y niñas ya vulnerados, muchas veces más de una vez, que necesitan reparación real. Los tribunales de familia deciden si vuelven con su familia, entran a una residencia o pasan a una familia de acogida; el SNPE ejecuta esas decisiones, pero aún no tiene claro cómo ese trabajo diario logra el cambio que busca. Mientras eso no se resuelva, seguiremos pidiéndoles a sus funcionarios una convicción que el diseño institucional no les ha dado.