Mirar a los adolescentes

Coescrita con Catalina Irarrázaval Bulnes, directora social de la Fundación Candelaria Apoya

Últimamente, y en diversos medios, hemos visto que se habla de la necesidad de que los niños, niñas y adolescentes en residencias cuenten con vínculos constantes, dentro y fuera de ellas.

Según encuestas recientes, quienes viven en residencias presentan los niveles más altos de soledad. Esta se ve agravada por el ausentismo y el rezago escolar, que dificultan hacer amistades; la escasa participación en actividades comunitarias, y la alta rotación de personal, que obstaculizan consolidar vínculos reparadores. Esos que deben ser seguros, constantes y duraderos, que crean confianza y cariño genuino.

Se han hecho grandes esfuerzos por potenciar las familias de acogida para la primera infancia, donde los vínculos se generan de manera paulatina en el contexto de cuidado. Sin embargo, desde Fundación Candelaria Apoya queremos recordar que, de los 5.177 niños, niñas y adolescentes que hoy viven en residencias, más de la mitad (2.628) tiene 14 años o más. Y ellos, que no tuvieron la oportunidad de otro tipo de cuidado, necesitan construir redes con urgencia.

Nos consta que las residencias y sus equipos hoy en día no dan abasto. Son ellas mismas las que, con preocupación, piden ayuda para preparar a los jóvenes, porque ven que muchos egresan sin herramientas y vuelven a la soledad y al abandono.

La evidencia sostiene que la resiliencia se construye a partir de relaciones estables y positivas, incluso cuando ha habido adversidad temprana. Por eso, hacemos un llamado a preocuparnos por el desarrollo de los vínculos en el contexto residencial, porque en poco tiempo estos adolescentes egresarán y deberán estar preparados para una vida interdependiente: una adultez autónoma, pero sostenida por otros con quienes puedan seguir contando. Esa puerta a un futuro esperanzador se construye antes del egreso, y no podemos seguir llegando tarde.