Presupuesto 2027: fortalecer el acogimiento familiar

Otra vez en este año nos enteramos de la muerte de un lactante que vivía en una residencia. Por supuesto se deben de esclarecer los hechos y determinar responsabilidades de un drama terrible antes de dar opiniones. Pero, dado el contexto de discusión presupuestaria, sí podemos volver a decir con fuerza que el modelo residencial es más caro y menos recomendable que una familia de acogida, al menos para la gran mayoría de los casos.

La evidencia internacional muestra que, especialmente en la primera infancia, el cuidado familiar favorece el desarrollo y el bienestar frente al modelo residencial. Pese a ello, cada año seguimos destinando más recursos a residencias que a familias de acogida. Según estimaciones del sector, una plaza residencial cuesta entre $1,7 y $4,2 millones mensuales, sumando aportes públicos y privados; un programa de acogimiento, solo $700 mil.

En este caso, además la familia que cuida recibe apenas entre $100 mil y $200 mil para el cuidado cotidiano. Unicef estima que criar a un niño cuesta, en promedio, $595 mil al mes, la brecha no incentiva a generar más familias de acogida, no porque no quieran, sino porque no pueden financiar un buen cuidado.

Ambas modalidades necesitan sin duda mejores estándares y recursos. Pero la comparación plantea una oportunidad: fortalecer las familias de acogida, con apoyo económico suficiente, acompañamiento profesional y acceso a salud y educación, puede mejorar la vida de los niños y, al mismo tiempo, usar mejor el dinero público. Las residencias deben responder a los casos en que sean necesarias, no seguir concentrando recursos que tendrían un mejor uso en modelos de cuidado familiar.

En esta discusión presupuestaria, la prioridad debiera ser clara: financiar más y mejor cuidado familiar, medir sus resultados y dar a cada niño la posibilidad de crecer en un hogar. Es de los pocos casos en donde se puede tener una mejor política pública y más barata.