¿Bachelet candidata?

Sin duda la exmandataria es una persona con mucho arraigo en nuestro país y muy respetada. Con dos gobiernos a cuesta y con más dulce que agraz. En este espacio no pretendo entrar a analizar su gestión, sino visualizar si la candidatura le hace bien o mal a la centroizquierda, conglomerado que hoy parece tener poca trascendencia en la vida nacional, a pesar de los esfuerzos de algunos dirigentes y del apoyo del Gobierno con su mala gestión. Lamentablemente no aparece una respuesta consistente que sea capaz de recoger el descontento existente.

Sin duda la llegada de Michelle Bachelet a la palestra política generará una instancia de integración de todas las fuerzas progresistas. Sin embargo, también podría tener la suerte de Lagos en su última candidatura presidencial el 2017 y quede en el camino.

Generar una candidatura tan temprana tiene muchas dificultades. La primera, que lleva a sus adversarios a preparar todas las campañas posibles contra ella. Sean honestas o fraudulentas. Sean correcta o incorrectas. Sean con un debate limpio o mentiras con granjas de bots. Es cosa de consultarle a la excandidata Matthei.

Bachelet y la oposición deben tener presente que la derecha, con la que compiten, es capaz de levantar mentiras, datos falsos, programas irrealizables, críticas fantasiosas, todo lo necesario y más para sostenerse en el poder. Es cosa de mirar la campaña de Trump para las elecciones de medio mandato, que es el maestro para la derecha internacional y chilena. Para ellos, que hipócritamente ayer lo cuestionaban, "el fin justifica los medios".

Este es el escenario complejo en el que debe moverse. El ordenamiento de la oposición en torno a ella es solo circunstancial. Hoy las condiciones están más precarias que en 2017 y por lo tanto, si cae por alguna razón, deja al conglomerado sin conducción, tal como lo encuentra ahora.

Al parecer no queda tan claro que el país estuviese dispuesto a darle la mayoría de los votos para gobernar. La encuesta Criteria, publicada el 11 de octubre, señala que la opinión ciudadana frente a Bachelet está dividida: 43% rechaza (en desacuerdo) y 38% aprueba (de acuerdo). El 19% restante no se manifestó ni de acuerdo ni en desacuerdo.

Es importante señalar que en el centro político las posturas están equilibradas, aunque el rechazo es ligeramente mayor. El 43% está en desacuerdo, 40% está de acuerdo y 17% es neutral. Ahora, en los que no tienen una identificación política, 42% está en desacuerdo, 29% está de acuerdo y otro 29% se declara indiferente.

Por otra parte, la encuesta Plaza Pública-Cadem de la misma fecha destaca que, dentro del espectro de la izquierda y centroizquierda, Bachelet se consolida como la figura con mayor preferencia presidencial, alcanzando 47% de respaldo.

Aquí, creo, la tercera es la vencida, ósea será vencida. Ninguna encuesta le da una victoria, ni siquiera la consulta realizada a la izquierda y centroizquierda. Es cierto que marca un importante porcentaje y que aún no entra en el fragor de la contienda y quedan varios años para ello. Por lo general estas candidaturas parten con altos porcentajes de aprobación y se van desinflando en el camino.

La actual oposición está sin línea, sin estrategia, sin un plan de acción claro. Solamente estertores de respuestas a la inmediatez de leyes en proceso, que ni siquiera allí tienen una visión común. Por lo general, Socialismo Democrático y el socialcristianismo han votado unidos, pero sin mucho acuerdo con el PC y con el Frente Amplio.

Ahora, tampoco hay claridad que todos los que hoy están en el conglomerado le hacen bien al grupo. Sin duda la integración de la DC es muy importante, pero la permanencia del PC es muy discutible, por sus arcaicos planteamientos marxistas y su defensa de regímenes dictatoriales. Los que, para ellos, con gran miopía, no son gobiernos autoritarios.

Creo que hay que buscar nuevos liderazgos en la centroizquierda y no quedarse pegado en el pasado. Existen líderes potentes que hay que cuidar, porque sin duda pueden ser cartas para gobernar el país, como Tomas Vodanovic, Carolina Tohá y Jeannette Jara, claro y solo fuera del PC o con un partido renovado y autocuestionado, dirigido por los jóvenes. De lo contrario pasaría lo mismo que ahora, ya que el anticomunismo es capaz de votar por la ultraderecha antes que por una comunista.

Por lo mismo, es hora de dejar la euforia de lado y leer la realidad con todas sus complejidades, avanzando con nuevos bríos hacia la conformación de una fuerza real de la centroizquierda, conglomerado capaz de apelar al pasado para fortalecer el futuro.