Soy sincero... cuando me pillan. Este no es un gobierno que informe lo que va a hacer, sino que se ve obligado a reconocer lo que ya hizo cuando es sorprendido en falta. El Ministerio de Justicia había dictado 56 decretos de rebaja de condena en favor de personas recluidas por abuso sexual y violación de menores de edad. Lo hizo mediante decretos emitidos entre marzo y septiembre de 2026.
Luego de siete meses de estar haciendo uso de estas medidas administrativas, y solo cuando se dio a conocer una investigación periodística del medio Interferencia, reconoció lo que venía siendo una práctica sistemática.
Se escogió un curso de acción al que el Ejecutivo no estaba obligado y del que el ministro Rabat no informó al Presidente (según cuenta, sin resultar del todo creíble) ni menos a la opinión pública. Luego se ha sabido que los beneficios fueron aplicados a personas condenadas por violaciones a los derechos humanos y a integrantes del Tren de Aragua. Ya nada nos puede sorprender. Kast respaldó al ministro Rabat, pero se cuidó de detener las medidas que habían tomado durante todo el tiempo que llevaban de gobierno y casi desde el principio.
Aquí se detecta una falla de funcionamiento de primera magnitud. Puede que el ministro no haya considerado pertinente informarle a Kast de lo que venía haciendo en forma metódica y sistemática. Pero el Ejecutivo tiene entre ambos más ministerios e instancias internas que debieron alertar de lo que estaba ocurriendo.
La voz de alerta sobre las posibles consecuencias aquí no se produjo y eso no tiene ninguna explicación, cuando se considera el impacto de primera magnitud que ha tenido el conocimiento de estos hechos.
El ministro de Justicia no tenía la menor intención de cambiar la ley para no tener que seguir tomando este tipo de decisiones. Esta idea le llegó desde fuera por la indignación producida desde todos los sectores. La alerta fue social. Las consecuencias políticas de este episodio son de gran importancia. Kast mantuvo a Rabat, avalándolo como solución al problema que él mismo produjo.
El Mandatario asume así la corresponsabilidad de los efectos que tienen estas acciones entre las víctimas de estos delincuentes. Probablemente muchas de ellas ni siquiera se enteraron por medios oficiales de lo que había ocurrido y que las vuelve a poner en un peligro potencial. Los pedófilos son reincidentes habituales. ¿Puede un presidente avalar algo así y pagar el costo de sus consecuencias y del repudio generalizado que se produjo?
El suicidio como solución de coyuntura
El problema no es, como dice el Mandatario, que "el Estado les falló" a las víctimas; es que Kast le falló al Estado. Defiende a Rabat, pero esta es una protección que no protege de nada porque no puede resistir la realidad. Boric cometió el error de indultar a personas equivocadas y liberó a un delincuente que a poco de su salida lo que hizo fue delinquir. Ahora han soltado pedófilos y si uno solo reincide, al Gobierno nada lo va a defender de la indignación nacional.
No se sabe de qué asombrarse más en todo esto. El Gobierno se encajonó en la defensa de una posición imposible, de la que solo puede salir derrotado. Es un suicidio político perfecto: unió a la oposición, dividió al oficialismo, se consiguió el repudio de la opinión pública y, finalmente, se ratifica en sus puestos a los responsables del error.
Lo que ha hecho el Gobierno esta semana no es desplegar su agenda, sino quedar completamente a la defensiva teniendo que responder por todo tipo de errores. De Kast a Rabat, de Alvarado a Pavez, con el vocero Arenas tropezando en su primera semana. Las bancadas oficialistas toman distancia de La Moneda en la reincidencia de faltas e incluso no encuentran mejor momento para expresar sus divisiones.
Esta administración no solo está haciendo un mal papel, sino que está debilitando las funciones que desempeña, en particular la Presidencia de la República. La crítica política está quedando en un segundo plano porque figuras como Pavez hacen demostraciones de exhibicionismo infantil por debajo de la dignidad y sobriedad con que las funciones públicas son cumplidas en Chile.
El oficialismo entrega una imagen de dispersión y de actuaciones desordenadas de autoridades que no se había visto. Todo lo cual es generado desde su interior.
Kast contra Kast
Debe tenerse claro que, a estas alturas, Kast y su equipo cercano no están simplemente separándose de la opinión pública. Están enfrentándose a la ciudadanía en aquellas materias que definieron a su favor la elección presidencial.
Este choque frontal tendrá repercusiones más allá de la coyuntura. Basta escuchar al ministro Quiroz diciendo "no tengo miedo a equivocarme por ambicioso" para saber que el gobierno apuesta todas sus fichas a una fuerte reactivación económica. Es esa perspectiva la que le hace resistirlo todo porque se trata de una expectativa generalizada en la derecha. Pero lo que están haciendo puede hacer que todo cambie y para peor.
Aun suponiendo que las predicciones sean correctas, y pocos dudan de un año 2027 mejor que el actual, puede que la reacción de la ciudadanía sea muy diferente a aquella que se espera en La Moneda.
Es posible que experimentemos un desacople entre crecimiento y generación del empleo. Será un nuevo motivo de decepción por parte de quienes dieron el triunfo a Kast y que son personas llevadas a las urnas por el voto obligatorio, las que no tienen una adhesión ideológica, sino pragmática, con esta administración. Sin buenos resultados, no hay cariño.
Lo que no se ha considerado suficientemente es que el trato que en estos días se le ha dado al ciudadano común excede la comunicación rutinaria entre La Moneda y las personas. Se les prometió una vida mejor, las promesas pasaron a metáforas y estas a la contradicción directa con la rebaja de penas a pedófilos, violadores, infractores graves a los derechos humanos y ahora al Tren de Aragua.
De la desilusión hay razones suficientes para considerarse timados, burlados y tratados como seres que se tragan cualquier explicación, por dudosa que sea. Es esto último lo que se está cultivando de un modo que será difícil de borrar, no importando lo mucho que mejoren las estadísticas.
Una vez, la escritora y activista estadounidense Maya Angelou dijo una gran verdad: "La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo les hiciste sentir". Este Gobierno se está instalando en el corazón de los chilenos y chilenas de un modo profundo, pero de manera tan negativa como imborrable. Una hazaña que no había conseguido nadie en tan poco tiempo.