¿Quién gobierna Chile?

La candidatura presidencial de José Antonio Kast obtuvo un amplio triunfo electoral, impulsada por el profundo descontento con la sobreideologización de la izquierda y por la necesidad de la población de alcanzar mejores niveles de seguridad. Sin embargo, con el anuncio del primer gabinete surgieron los primeros indicios de preocupación. La conformación ministerial dejó en evidencia la ausencia de un plan claro en materia de seguridad e incluso reveló improvisación en una cartera en la que la ciudadanía había depositado grandes expectativas.

Junto con la presentación del gabinete, también llamó la atención el nombramiento de algunos embajadores, particularmente el designado en Israel. A ello se sumó la aparición de asesores inesperados en materia de política internacional y una serie de decisiones que parecen responder a una lógica alineada con lo que podría denominarse una de las "cabezas de la serpiente antigua".

El alineamiento visceral y acrítico con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el retiro del embajador chileno en ese país y las declaraciones del Presidente Kast en favor de la posición argentina en la zona austral -que generaron malestar en Chile, tanto en el ámbito político como en el militar-, entre otros hechos, han debilitado la posición geopolítica de Chile.

La situación más preocupante se produjo con el anuncio de la Cancillería chilena sobre el ingreso de Chile al denominado Escudo de las Américas, un plan impulsado por Estados Unidos que implicaría un reordenamiento estratégico destinado a fortalecer su posición frente al avance de las inversiones chinas y al acercamiento de Rusia a algunos países de la región.

Este plan utiliza como pretexto la lucha contra el crimen organizado. Sin embargo, desde una perspectiva crítica, dicha justificación no sería más que una excusa, pues Estados Unidos también tendría interés en controlar los recursos y circuitos financieros asociados al narcotráfico.

El reordenamiento estratégico mencionado se relaciona con el fortalecimiento geopolítico de China y Rusia. Estados Unidos sería consciente de su propia debilidad, agravada por su derrota militar ante Irán. En consecuencia, buscaría reforzar el control sobre su "patio trasero" para contener los riesgos derivados de las inversiones chinas y de la expansión del llamado "poder blando" ruso.

En ese contexto, Washington podría intentar reactivar el TIAR, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, un acuerdo que ha perdido legitimidad debido a las propias acciones de Estados Unidos contra distintos países de la región.

A la luz de todo lo anterior, cabe preguntarse si estas decisiones realmente surgieron de la voluntad o del criterio personal del Presidente Kast. Todos estos movimientos parecen responder a una estrategia concebida por una mente particularmente sagaz en materia geopolítica y coincidente con el denominado lineamiento anglosionista.

Esta situación ayudaría a explicar el eventual abandono de la posición histórica de Chile en el Movimiento de Países No Alineados, después de 55 años de participación continua, así como la pérdida de la distancia y de la ventaja estratégica que el país había mantenido frente a las tensiones globales.

En consecuencia, Chile estaría siendo gobernado por una élite oculta y oscura, contraria a los intereses nacionales, que utilizaría al gobierno de Kast para alinear al país con una de las cabezas de la hidra geopolítica mundial. Lo que las élites globalistas no pudieron lograr mediante el proyecto constitucional de la Convención Constitucional, finalmente lo habrían conseguido a través del actual gobierno chileno. Se demoraron, pero, al final, lo lograron.