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Este mes comienza recordando uno de los hitos más dolorosos de nuestra historia como país: ese 11 de septiembre en que se quebró la democracia. Un golpe de Estado que dio paso a una dictadura de 17 años, en la que aumentó la pobreza, se violaron los derechos humanos, se privatizaron instituciones, se instaló la corrupción y se retrocedió en derechos sociales.
Una herida que sigue abierta son las personas detenidas desaparecidas. Muchas de ellas continúan siendo historias incompletas, sin restos que velar ni sepultar. Miles de familias, de madres y esposas, siguen sin respuestas.
En este mes también comienza la primavera. Es un cambio de ciclo que llega con un sabor de nostalgia. Lamentablemente, aumentan los suicidios, y eso nos recuerda la deuda del Estado con la salud mental y con tantas otras heridas que siguen sin cerrarse.
Sin embargo, quisiera detenerme y dedicar estas líneas a la única autoridad política que ha desaparecido en democracia: María Ignacia González Torres, concejala de Villa Alegre y militante del Partido Demócrata Cristiano desde los 14 años. Este septiembre se cumplen 15 meses de su desaparición. Aún no tenemos una respuesta de por qué no está junto a sus hijas, que la han buscado incansablemente.
Lo que sí sabemos es quién era María Ignacia: nuestra camarada. Una persona reconocida por su larga trayectoria de trabajo en el espacio local, por su gran sensibilidad social, su enorme vocación de servicio y su voz firme al ejercer su rol fiscalizador.
Ser una persona pública o política te expone a distintas realidades. Hay un rol fiscalizador que cumplir, te enfrentas a la delincuencia, a la corrupción, estás más expuesta en redes sociales, muchas más personas conocen tu rutina o los lugares que frecuentas. Hay que ser valiente para habitar ese mundo.
Muchas mujeres que participamos activamente en política nos preguntamos si el Estado tendrá finalmente una respuesta respecto de la desaparición de María Ignacia González. Porque si le pasó a ella, siendo autoridad, respetada y reconocida por su comuna, su municipio y su partido, ¿cuáles son las garantías para seguir participando libremente? ¿Sin miedo?
Sus hijas la siguen buscando, como muchas otras familias que comparten el dolor de una pérdida sin respuesta. Las instituciones siguen sin avanzar y nuestra fe en lo público se va debilitando. Septiembre pasará. Pero este dolor en su comunidad, en sus hijas y en su partido no cesará hasta que la encontremos.