Estimados lectores, en esta columna entrego una serie de hechos objetivos para que con independencia usted pueda responder, solo, la pregunta introductoria. Respecto de la guerra desatada por Trump e Israel contra Irán, la Oficina del Presidente Electo (OPE), de José Antonio Kast, con fecha 28 de febrero de 2026 emitió una declaración pública valorando la ofensiva como una medida necesaria para "restablecer la seguridad nuclear" y garantizar el respeto al derecho internacional, alineándose estrechamente con la estrategia de Washington y Tel Aviv. Más aún señaló que "en la próxima administración, Chile siempre debe ser aliado de las naciones que promueven la libertad y la democracia".
Le habrán recordado sus asesores que su amigo Trump lanzó ya el 22 de junio de 2025 la operación "Martillo de medianoche", y después informó al mundo que "las tres principales instalaciones de enriquecimiento y desarrollo atómico de Irán" (Natanz, Isfahán y Fordo) habían sido "totalmente destruidas" y el programa nuclear persa, "aniquilado".
No sabía Kast, ni sus asesores le comentaron, que este conflicto podía generar una grave crisis en la disponibilidad de petróleo y un alza desmesurada en el precio de las gasolinas y el diesel que terminaría -como terminó- afectando gravemente el bolsillo de todos los chilenos, agravado por un cambio interno de política de su gobierno en relación con la modificación de los parámetros de cálculo del Mepco. ¿Cómo pudo ignorar los riesgos para nuestro país y su gente con este rápido e irresponsable respaldo?
Por último, reconocer y apoyar a Israel como un país "que lucha por la libertad y la democracia" implica, ciertamente, que el Presidente Kast desconocía que su primer ministro, Netanyahu, enfrenta una orden de captura internacional emanada de la Corte de Justicia Internacional por el genocidio desatado contra la población de Gaza con más de 60 mil muertos. ¿Dónde estaba su canciller designado que no le recordó esta situación?
Respecto de la adhesión reciente al Escudo de las Américas, está claro que el gobierno de Kast y su canciller han intentado dar a los chilenos una visión parcial de lo que el documento sostiene explícitamente, y centrar todas sus explicaciones en la coordinación internacional para enfrentar el narco tráfico y el crimen organizado, postulado que obviamente todos los chilenos compartimos. Sin embargo, habría que preguntarse si dicha coordinación no existe ya y, por el contrario, acaba de ser descubierta por el presidente, su canciller y su ministro de seguridad.
Por ejemplo, recordemos a todos los chilenos que, con el respaldo del gobierno anterior, el Ministerio Público ha podido descifrar el crimen cometido en territorio nacional contra Ronald Ojeda, definido la implicancia de altas autoridades del gobierno de Maduro y obtenido con el respaldo de Interpol y las policías latinoamericanas, en particular la de Colombia, la detención de responsables y la deportación de estos para ser juzgados en Chile. De igual manera, diversas investigaciones conducidas por el Ministerio Público y cuya complejidad ha requerido largo tiempo en su desarrollo han culminado con la identificación, cuando no la detención de los culpables. Esto se ha hecho sin "el cambio de mano" que insiste en destacar el Presidente Kast y sin la "capacidad de gestión" que parece creer que encarna el ministro Arrau. Llama la atención que, hasta en este tema en que se dice que se requiere el apoyo transversal de toda la ciudadanía y los sectores políticos, no se sea capaz de hablar con verdad.
Y, efectivamente, en este documento hay otros temas cruciales, que no dicen relación con el objetivo central que se declara y cuya urgencia para los intereses de Chile nada justifica incluirlos ni menos adherir (gracias a la interpelación del canciller en la cámara de diputados ya no sabemos a qué atenernos y cuál era el interés de Chile de adherir -parece que sin firma- a esta declaración de intenciones).
Desde luego, el texto se titula "Declaración conjunta sobre la defensa de la soberanía hemisférica", y resulta incomprensible que alguien, que ha sido elegido para representar a su pueblo como Presidente de la República, desconozca que él deriva directamente de la doctrina Monroe, aggiornada y rebautizada por el presidente Trump como doctrina Donroe. En efecto, ya en 1823, el presidente norteamericano James Monroe planteó ante el congreso de ese país que "que las potencias europeas no debían intentar nuevas colonizaciones ni intervenir en los asuntos de los países del continente americano". Esto dio lugar a la llamada doctrina Monroe, que en 1904 fue ampliada y precisada por el presidente Roosevelt, permitiendo que Estados Unidos pasara a atribuirse un papel mucho más activo en el hemisferio, incluso como una suerte de "policía internacional" capaz de intervenir en países latinoamericanos cuando considerara que existían amenazas a sus intereses. De allí nace la expresión de que América Latina pasó a ser "el patio trasero" de EE.UU.
Pues bien, hoy la Casa Blanca ha planteado que Estados Unidos debe conservar una posición predominante en el hemisferio y evitar que países considerados competidores estratégicos establezcan allí capacidades militares o control sobre activos considerados relevantes para la seguridad estadounidense. Este es el trasfondo del documento propuesto por Trump a los países cuyos presidentes fueron invitados, precisamente a la denominada Cumbre del Escudo de las Américas realizada en Miami el 7 de marzo de 2026, a la que asistieron una docena de presidentes latinoamericanos. Nuevamente, sin saber con qué representación formal, asistió el presidente electo Kast, dando por hecho que Chile participaría de esta iniciativa.
Para dejar fuera la necesidad de interpretaciones, el objetivo declarado de esa reunión fue "consolidar el liderazgo de Washington en la región, frenar la influencia de China y coordinar estrategias frente a la migración irregular y el crimen organizado".
En ese marco, el documento que nos interesa señala que "nosotros, los jefes de Estado y de gobierno participantes en el Escudo de las Américas, declaramos conjuntamente nuestra intención de fortalecer la resiliencia del hemisferio occidental a través de los tres pilares del Escudo de las Américas: económico, de seguridad y coordinación multilateral".
Para mantener el foco en lo económico, se explicita: "Defender nuestras economías potenciando la cooperación económica; explorando mecanismos de control de las inversiones; salvaguardando las cadenas de suministro de minerales críticos mediante un abastecimiento diversificado y confiable; y promoviendo normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital, que se apliquen de forma no discriminatoria".
En relación con la seguridad, los adherentes se proponen "defender la gobernanza democrática ante las redes armadas de narcoterroristas...". ¿Cómo pueden los presidentes latinoamericanos respaldar la acción y la intervención escandalosa de EE.UU. en los asuntos internos de Venezuela no sólo secuestrando a su presidente, sino que fortaleciendo al propio gobierno de la dictadura y proclamando su amistad y apoyo a la vicepresidenta de Maduro? Más aún, como aceptar sin la más mínima observación que, con el pretexto de colaborar con el desarrollo de ese país, las compañías petroleras norteamericanas se instalen para explotar y comercializar la mayoría del petróleo venezolano.
Pero volviendo a los minerales críticos, no se trata de temas -como dice el canciller- que nos comprometan a algo, se trataría más bien de una declaración de intenciones. Por favor, si como denuncié en otra columna, el 12 de marzo de 2026, en su primer día de administración, el gobierno de Kast firma en La Moneda un acuerdo con representantes del gobierno norteamericano para establecer "mecanismos de consulta sobre minerales críticos y tierras raras", acuerdo que resulta esencial para la seguridad y los intereses comerciales de las partes. (¡Le queda claro de quién! ¿Cierto?). Se trata de un acuerdo sobre un tema crítico y relevante para nuestro futuro y para el desarrollo de "tecnologías avanzadas". Parece increíble que, en 24 horas, el nuevo canciller y los eventuales nuevos equipos técnicos del gobierno, hayan podido tener una mínima claridad de las implicancias técnicas y de soberanía en relación con lo que estaban firmando y como ello sólo refleja una rápida obsecuencia para sumarse a la guerra contra China que mantiene Donald Trump.
Y, por último, la reciente candidatura de la expresidenta Bachelet a la secretaría general de la ONU mostró cómo el actual Presidente no respetó una política de Estado definida oportunamente por el Presidente en ejercicio y el gobierno anterior, y que además contaba con el respaldo de la gran mayoría de los chilenos. Simplemente, restó el respaldo del Estado de Chile a su candidatura y trabajó contra ella, por ejemplo, con el retiro del grupo de países no alineados que es otro elemento que golpeó seriamente sus posibilidades de llegar a la secretaría general. Por lo demás, el propio gobierno de Kast ha señalado que era un hecho que "ella contaba con el veto del gobierno norteamericano" lo que no era una novedad y nadie entiende porque debía afectar nuestras propias definiciones. El tiempo sancionará tanta bajeza.
Infórmese. No se deje manejar por los slogans y las frases hechas. Es importante que usted decida libremente y actúe como ciudadano.