Cuando el 23 de septiembre de 2025, y en plena Asamblea General de Naciones Unidas, el expresidente Boric anunció que Chile nominaría a Michelle Bachelet para suceder al actual secretario general; se inició un camino que comenzó de manera bastante inusual, en lo que parecía una apuesta personal de política exterior del exmandatario y no una decisión consensuada de Estado.
Esta candidatura fue formalizada por el entonces gobierno en febrero del 2026, presentando la decisión como una contribución de Chile al sistema multilateral y sumando a ella, el apoyo de México y Brasil, lo que transformaba la postulación en una iniciativa de tres países latinoamericanos. Se consideró, además, una regla no escrita en la ONU que indica que la secretaría general se va rotando entre las distintas regiones del planeta y que en esta elección, le correspondería a Latinoamérica y el Caribe.
En este escenario, se intentó afianzar la postulación de Michelle Bachelet en su trayectoria como presidenta de Chile en dos ocasiones, directora ejecutiva de ONU Mujeres y alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, además de la dimensión histórica de que nunca una mujer ha ocupado la secretaría general de la ONU
Pero la continuidad de una candidatura de Estado quedó sometida a una prueba decisiva con el cambio de gobierno en Chile. A los pocos días de asumir el Presidente Kast y luego de una reunión con Michelle Bachelet, su administración retiró el respaldo oficial, expresando los motivos por los cuales el nuevo gobierno estimaba que era una candidatura vista con poca opción de éxito.
Esta decisión no puso fin formalmente a la candidatura, porque México y Brasil mantuvieron su apoyo, pero modificó el escenario, porque Naciones Unidas asumió oficialmente que desde el 25 de marzo, Michelle Bachelet dejó de ser candidata de Chile y desde entonces, la candidatura avanzó sin el respaldo del país de origen de la postulante.
La candidata mientras tanto, mantuvo una campaña centrada en la defensa del multilateralismo, los derechos humanos, la paz y el derecho internacional. En abril participó en una audiencia pública ante representantes de los Estados miembros y defendió, entre otros asuntos, la agenda de derechos de las mujeres.
Sin embargo, el proceso de selección de la secretaría general depende en última instancia de los equilibrios dentro del Consejo de Seguridad, cuyos cinco miembros permanentes tienen poder de veto. Las tres votaciones informales preliminares de los representantes de los 15 países que forman parte del Consejo de Seguridad, fueron mostrando las dificultades de la candidatura, que se reflejaron en una notoria pérdida de apoyo.
En septiembre, Michelle Bachelet llegó incluso a reconocer públicamente la complejidad del escenario, señalando que sabía que "no iba a ser secretaria general", aunque continuó defendiendo el sentido de su postulación.
Sin embargo, el 18 de septiembre llegó el desenlace de esta apuesta de Michelle Bachelet ante un último gran desafío internacional. Después de la tercera votación informal del Consejo de Seguridad y según los resultados difundidos posteriormente, obtuvo sólo un voto de apoyo, 11 de rechazo y tres sin opinión, quedando penúltima entre ocho candidatos. Al día siguiente anunció que retiraba su candidatura, reivindicando haber instalado en el debate internacional, la necesidad de que una mujer latinoamericana pudiera encabezar Naciones Unidas.
La candidatura que comenzó como una iniciativa presidencial de un gobierno a punto de culminar y que no representaba el sentir de todos los chilenos, nos mostró con claridad las virtudes y los límites de las llamadas candidaturas de Estado, que pueden trascender a un gobierno, pero difícilmente pueden permanecer ajenas a los cambios políticos que ocurren dentro del país que las origina.
Para el expresidente Boric, fue una mala apuesta improvisar en su intento de proyectar a Chile y a su gobierno en Naciones Unidas. Quizás lo más significativo de este resultado, no sea que Michelle Bachelet no haya llegado a la ONU, sino que una candidatura construida sobre su trayectoria internacional, haya terminado chocando con la política que existe detrás de cualquier cargo de ese nivel. El episodio nos mostró lo obvio: en Naciones Unidas, los atributos personales pueden abrir puertas, pero no reemplazan los votos, las alianzas, la diplomacia y el realismo político.