En nuestro país, desde hace al menos 20 años, viene ocurriendo un fenómeno progresivo y natural de inclusión de diversos profesionales no médicos -o no ligados al área de la salud- en cargos directivos de los centros de salud públicos, tanto de atención primaria como instituciones más complejas.
Este fenómeno ha ocurrido dado el persistente desinterés de los médicos por participar en estas instancias y ha sido reforzado por distintos procesos de concurso público que, al ser transparentes y conocidos, refuerzan conceptos tan importantes para el quehacer del sistema como la transparencia y la probidad.
Este fenómeno también se manifiesta a través de los concursos de Alta Dirección Pública, que sirven para llenar los cargos directivos de alto rango en los servicios de salud dependientes del Ministerio de Salud y en los hospitales de su dependencia.
Con el correr de los años, es llamativa la inclusión cada vez más importante de profesionales que no son médicos en estos cargos. Este fenómeno prometía, desde un comienzo, ser un factor de mejoría del sistema, con mejores resultados en la atención de los pacientes, mejores índices de desempeño y -en teoría- finalmente una mejora en los índices sanitarios del país.
Esto, en el entendido de que los médicos tomamos buenas decisiones de manejo clínico, pero no así de gestión asistencial.
Sin embargo, hasta el día de hoy no conocemos ninguna evaluación de este fenómeno de "desmedicalización", ni siquiera que haya sido descrito como tal, ni de su eventual repercusión en los aspectos ya mencionados. Por ende, cabe la pregunta razonable: ¿Cuál fue el efecto benéfico de ir progresivamente "desmedicalizando" los cargos de dirección en salud?
Como este fenómeno histórico partió del supuesto de que los médicos éramos malos administradores en salud, tomando decisiones de gestión que no se basaban en la evidencia o, simplemente, en la experiencia personal (observación que es bastante válida, por cierto), con mayor razón resulta necesario, luego de todos los años transcurridos, realizar un análisis objetivo y serio de cuál ha sido el efecto en el sistema de esta "desmedicalización" de los puestos directivos.
¿Acaso los centros de atención primaria, hospitales o servicios de salud que son gestionados por profesionales no médicos tienen mejores resultados que cuando eran gestionados por médicos, o tienen mejores resultados que aquellos que aún son gestionados por médicos? Dicho análisis debe ser hecho con el fin de tomar medidas para la mejoría del sistema.
Resulta bastante lógico que la respuesta más probable sea que se requiere un personal clínico que sea potente para tomar decisiones que sean netamente clínicas, netamente de salud y que tengan un soporte en gestión. Este modelo posiblemente es el que realmente mejora la gestión del sistema y logra llevarlo a su máxima expresión de eficiencia y calidad.
Sin embargo, para poder afirmar esto se necesita un análisis completo con datos objetivos de rendimiento, cumplimiento de metas y optimización de los recursos, que permitan, en efecto, sacar conclusiones válidas y, por ende, poder tomar decisiones a futuro que sean beneficiosas para el sistema y para el país.