Es muy difícil encontrar fenómenos significativos que hayan producido cambios sustantivos en el funcionamiento de la sociedad, particularmente aquellos que ayudan a algún avance en equidad, que no tengan como elemento principal la movilización social.
Durante una semana, en todos los medios y, seguramente en muchos hogares o grupos de conversación, el tema fue el recuerdo del 18-O o, como lo llaman algunos, "el estallido social". Esa afirmación no es novedosa, siempre, los grupos dominantes tienden a descalificar la organización de quienes luchan por avanzar en justicia social.
En toda la prensa, especialmente canales de televisión, solo resaltaron la violencia que hubo en parte de esas movilizaciones, sin ninguna mención a la validez de las razones que dieron origen a esas movilizaciones ni, mucho menos, a la mantención de las inequidades que ahí se expresaron.
¿Alguien conoce algún proceso de movilización social, en algún momento de la humanidad que no haya tenido un proceso de "violencia residual"? Los que nos movilizamos fuimos más de un par de millones de ciudadanos, según toda la información disponible y, los actos de violencia los ejecutaron no más de 1.000 personas; o sea el 0,05% de los participantes.
Eso ha ocurrido de manera similar en todos los procesos de movilización social activa, en todo el mundo y, en toda la historia. Así fue en las movilizaciones de Ghandi, en las manifestaciones de Luther King y, por cierto, en la forma que Jesucristo sacó a los "mercaderes del templo", tirando al suelo las mesas donde practicaban la usura.
Sin embargo, vale la pena hacerse una pregunta: ¿Han cambiado sustancialmente las condiciones de inequidad, por las que tantos marchamos hace siete años?
La respuesta es simple, desgraciadamente: esas condiciones de inequidad, que afectan a las mayorías vulnerables del país se mantienen casi igual que antes. Entonces, ¿no será esperable que movilizaciones similares surjan en el próximo futuro? Eso ya ha empezado a generarse en varios países del mundo, como Francia, Italia o España, Inglaterra y también en Estados Unidos, de manera similar a como los estudiantes franceses iniciaron la "revolución de 1968", que se extendió por todo el mundo.
Hoy, en los países de mayor desarrollo se reclama por la imposibilidad de adquirir una vivienda para las nuevas generaciones; el desmesurado alza del costo de la vida; el asesinato de decenas de miles de inocentes en Gaza y otros lugares, generados por la lucha de los intereses de los más poderosos, cuya ambición no tiene límites. De igual manera, los que dominan la economía mundial intentan desconocer el cambio climático pues, eso les obligaría a cuidar más la naturaleza, que ocupan sin piedad, para sus intereses.
Eso también pasa en nuestro país y, afortunadamente, las nuevas generaciones sienten la necesidad de protestar por la inequidad, que hace más ricos a los ricos y empobrece a la mayoría del país. Desgraciadamente, a ello ayudan las propuestas de un gobierno de ultraderecha, que intenta legislar a favor de la desigualdad, rebajando los impuestos a los super ricos, mientras colabora al alza de los alimentos, los arriendos de viviendas y todos los artículos de primera necesidad de los más pobres.
Este 18 de octubre fue recordado con marchas en muchas ciudades de país. Y, por cierto, fueron muy reprimidos y, para quienes gobiernan, ello fue "pura violencia". Como siempre, "la historia vuelve a repetirse" y, aunque algunos lo quieran ignorar, la movilización popular volverá; los mismos de siempre dirán que todo ello es "pura violencia" y pondrán la prensa a su servicio, a intentar responsabilizar de todo ello a los que luchan por mayor justicia social. Así se suele escribir la historia.