Durante años, el diseño comunicacional de nuestra política se escudó en una pregunta para medir la legitimidad de una medida: "¿Cómo le explicaría esto a la señora Juanita?". Si bien en su momento fue un intento válido de aterrizar las decisiones técnicas para la ciudadanía, la realidad actual ha desbordado esa metáfora. Hoy, gobernar y diseñar políticas públicas exige mucho más que simplificar un mensaje para un arquetipo homogéneo; requiere crear verdaderas herramientas de encuentro (interfaz) para llegar a rostros reales, diversos y complejos.
La sociedad actual ya no calza en el molde de un solo ciudadano promedio que espera pasivamente una explicación. Temas clave como la crisis climática, la salud de las poblaciones, el acelerado envejecimiento demográfico y la urgencia de construir equidad, abrazando nuestra diversidad, no pueden resolverse desde organismos que operan en bloques separados. Ninguna disciplina aislada tiene la respuesta a una realidad tan dinámica que exige participación y respuestas multidimensionales.
Es en este escenario donde la inter y la transdisciplina dejan de ser conceptos exclusivamente teóricos para convertirse en estrategias democráticas vitales. Un reflejo claro de esta urgencia fue la reciente quinta edición del Congreso Latinoamericano de Investigación y Educación Superior Interdisciplinaria (IEI), realizado a principios de septiembre en la Universidad de Chile. A este encuentro asistieron más de 600 personas, lo que demuestra que la academia latinoamericana busca reorganizarse en torno a los problemas de la sociedad y no solo dentro de los muros de sus propias unidades. No es casualidad que en este espacio de debate hayan participado diversas redes de la Universidad de Chile, como el Programa Transdisciplinario en Medio Ambiente, el Núcleo Desarrollo Inclusivo, la Red Transdisciplinaria sobre Envejecimiento, el Programa de Reducción de Riesgos y Desastres (Citrid) y el Grupo Transdisciplinario para la investigación, docencia y extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP).
Una tensión importante en el debate actual es cómo construir diálogos auténticos con la ciudadanía. Las propuestas transdisciplinarias buscan, a través de estrategias de interfaz, potenciar y conectar mejor las distintas formas de entender la realidad. Se trata de trabajar junto a la ciudadanía, de diálogos y de encuentros, sin imponer una posición sobre otra. Precisamente por esto, el trabajo inter y transdisciplinario no se limita a llamarlo así; exige un profundo compromiso con la democracia y la convicción de crear espacios para compartir los saberes de todas las personas.
Un elemento revelador de este encuentro fue la presencia de diversos espacios en los que las artes se posicionaron como un territorio fundamental para procesar dicha complejidad. Frente a los medios tradicionales de divulgación científica, que a menudo tienen dificultades para conectar con las personas o emocionar, la expresión artística actúa con fuerza transformadora. El arte es expansivo porque permite abrir y democratizar los debates hacia múltiples interpretaciones, y es a la vez un espacio profundamente sintético, porque conecta la aridez de los datos y el rigor investigativo directamente con nuestra humanidad.
Ante la necesidad de avanzar en la legitimación social de nuestras decisiones, el Estado puede trabajar desde la transdisciplina como un mecanismo para humanizar su ejercicio, retomar el foco, las personas. No hay que explicarle las políticas a la señora Juanita; hay que explicarlas junto a la sociedad, en su diversidad. Solo cruzando fronteras y sentando a todas las partes a la misma mesa, podremos garantizar que las políticas públicas dejen de hablarle a metáforas imaginarias y comiencen a tener los rostros de las personas con quienes deben trabajar.