No soy de aquí

Estábamos llegando a Córdoba, en un vuelo de avioneta, cuando se supo que habían acribillado a Facundo Cabral.

A nadie pareció importarle mucho en el centro de prensa donde se esperaba el partido entre Brasil y Paraguay, pero más de un viejo portero o funcionario del recinto escuchaba con cara abatida las noticias de la radio, porque en la tele todo era para Neymar y Santa Cruz.

Cabral inventó la leyenda de que un día, teniendo como diez años, se fugó del hogar materno en Tierra del Fuego para viajar a Buenos Aires para pedirle trabajo a Juan Domingo Perón.

Se demoró cuatro meses en llegar, ayudado por distinta gente desconocida, hasta que enfrentó al general y a Evita para rogarle por su madre. “Por fin alguien que pide trabajo y no limosna”, dice que le dijeron. Su madre pudo mantener a la parentela y él inició una vida plagada de mitos y verdades.

Estuvo en el exilio, creó canciones inolvidables, se inventó un pretexto permanente para la felicidad y ayer, en Guatemala, murió de manera vil. Lo acribillaron.

Recorrer Argentina por Copa América es conocer los versos de Cabral en cualquier potrero, villa miseria o pueblito de la sierra de manera vívida y real.

La cosa está para ponerle “No soy de aquí ni soy de allᔠa Lio Messi, que se juega su relación con Argentina en el partido final del grupo A en medio del descontento de toda la parcialidad trasandina.

Messi, el indiscutido mejor jugador del mundo, tiene la responsabilidad de llevar a la albiceleste al título, pero es demasiado peso para sus frágiles hombros. Y eso se siente. Por su historia futbolística escrita íntegramente en España, a Lio se le reprocha no “mojar la camiseta” como debiera, y la manera de rodearlo adecuadamente para que desarrolle su mejor juego es tema nacional.

En lo personal, me parece que este equipo de Batista tiene pocos hombres “de buen pie”, como suele decirse ahora, con respecto al Barcelona. Y eso les pasa la cuenta.

En Córdoba no se habla de otra cosa. De Cabral y Messi. De hombres que vieron a la Argentina más cruel y descarnada, desde fuera.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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