Un mercado laboral que estamos mirando poco

Hace pocos días conocimos una nueva señal preocupante sobre el mercado laboral chileno. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desempleo llegó a 9,6% en el trimestre junio-agosto, un aumento de 0,6 puntos porcentuales en 12 meses. Pero cuando hacemos un zoom en esas cifras, aparece una realidad todavía más compleja: entre las mujeres, la desocupación alcanza 10,3%, mientras entre los hombres es de 9,1%.

Detrás de esos porcentajes hay miles de mujeres buscando una oportunidad laboral que no encuentran, pero también muchas otras que ni siquiera pueden salir a buscarla porque las condiciones que ofrece el mercado del trabajo son difíciles de compatibilizar con su realidad cotidiana.

Para muchas mujeres trabajar no significa solamente conseguir un empleo. Significa encontrar uno que les permita también ir a buscar a un hijo al colegio, acompañar a un padre a una consulta médica o hacerse cargo de las múltiples tareas domésticas que todavía recaen mayoritariamente sobre ellas. La última Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INE es elocuente: las mujeres destinan en promedio 4 horas y 57 minutos diarios al trabajo no remunerado, dos horas y cinco minutos más que los hombres.

¿Cómo reincorporarse al mercado laboral cuando una jornada rígida de ocho horas, más los tiempos de traslado, simplemente no te permite hacerlo? Quizás parte de la respuesta esté en mirar hacia un sector que pocas veces consideramos cuando hablamos de empleo: las organizaciones de la sociedad civil.

En Chile existen más de 400 mil organizaciones de este tipo. Son fundaciones, corporaciones y otras organizaciones que trabajan en educación, salud, discapacidad, infancia, medioambiente, pobreza, adultos mayores, reinserción y tantas otras áreas donde existen necesidades urgentes, que muchas veces ni el Estado ni el mercado logran satisfacer en plenitud.

Para una mujer que lleva meses buscando empleo, o que intenta volver al mercado laboral después de varios años dedicada al cuidado de sus hijos o de sus padres, ese mundo puede representar una oportunidad que probablemente nunca ha considerado.

No quiero idealizarlo. Muchas organizaciones sociales enfrentan enormes dificultades de financiamiento y no todas están en condiciones de contratar. Pero también es un sector donde, por la naturaleza de su trabajo y la forma en que se organizan muchos de sus equipos, es posible encontrar modalidades más flexibles, jornadas parciales, trabajo por proyectos o esquemas que permiten una mejor conciliación entre empleo y responsabilidades familiares.

Hay además otro elemento que no es menor. Una ingeniera comercial, una periodista, una psicóloga, una contadora o una profesora, que ha estado varios años fuera del mercado laboral, no perdió durante ese tiempo lo que sabe hacer. Al contrario, muchas veces desarrolló nuevas habilidades mientras cuidaba y administraba un hogar. Y una organización social que necesita profesionalizar su gestión puede encontrar en ella justamente las capacidades que le faltan. El desafío es conectar ambos mundos.

Necesitamos generar puentes entre mujeres que buscan trabajo y organizaciones que necesitan talento: bolsas de empleo especializadas, alianzas con plataformas laborales y empresas, programas de reinserción y mecanismos que faciliten contrataciones en jornadas parciales o por proyectos. También necesitamos fortalecer a las propias organizaciones sociales para que puedan profesionalizarse, crecer y generar más puestos de trabajo.

Durante años hemos hablado de ellas principalmente desde la perspectiva de las personas a las que ayudan. Tal vez ha llegado el momento de empezar a mirarlas también como espacios de desarrollo profesional y generación de empleo.

Chile tiene hoy demasiadas mujeres buscando una oportunidad y miles de organizaciones sociales que necesitan talento para crecer y multiplicar su impacto. Conectar esas dos necesidades no resolverá por sí solo el desempleo femenino, pero puede abrir una puerta que hasta ahora hemos aprovechado muy poco. Y en momentos en que las cifras laborales nos recuerdan la urgencia de encontrar nuevas respuestas, vale la pena comenzar a abrirla.