No funciona una TV pública cautiva de la lucha de poder

TVN ha vivido en estas semanas una aguda crisis de conducción. Una de las mayores dificultades del canal público reside en que en cada cambio de gobierno siempre hay un intento por controlarlo políticamente y con ello se coloca en riesgo su autonomía, se vulnera al gobierno corporativo que nominan dos poderes del Estado y se le desestabiliza provocando graves consecuencias en su imagen y en su funcionamiento.

En estos últimos días, fruto del diálogo, el Directorio de TVN con la presencia de su Director Ejecutivo, ha concordado trabajar unitariamente para superar esta crisis y establecer así, lo que al menos yo espero, sea un acuerdo que de estabilidad y  gobernabilidad al canal público.

TVN es un canal masivo, plural, con misión, que de acuerdo a las modificaciones a la ley debe rendir anualmente cuenta de su gestión al Senado de la República, y debe preservar este carácter, pero para ello no puede ser sometido a las interferencias en las competencias que son propias de su gobierno corporativo e, internamente, debe respetarse rigurosamente las atribuciones que tiene el Directorio y aquellas de conducción ejecutiva del Canal que tiene la Administración y que están claramente establecidas en la ley.

Hay que considerar que en poco años el cambio en la industria de la TV chilena ha sido muy profundo dado que se ha pasado de canales universitarios a canales de propiedad empresarial privados, nacionales y extranjeros, que han tendido inicialmente a inflacionar el costo de la producción televisiva, con ello a modificar los ratings tradicionales y la presencia en el avisaje.

TVN es un canal público único en el mundo. Es público pero se financia con publicidad y ello influye determinantemente en su programación ya que compite con los canales abiertos empresariales por un pozo publicitario que además disminuye crecientemente ya que una parte del avisaje va hoy a las redes digitales y a la multiplicidad de pantallas que ofrece la nueva tecnología.

La industria TV hoy no es altamente rentable como se piensa y los canales con frecuencia sufren pérdidas como ha ocurrido con TVN pero también con los canales privados pese a que estos han recibido, entre capitalización e inversiones, más de 240 millones de dólares en los últimos años.

TVN hace 25 años que no recibía capitalización de su dueño y solo el 2017 se logra aprobar una ley de capitalización para financiar la obligatoria digitalización, que tiene altos costos, para asegurar una mayor competitividad y para crear, en la segunda señal digital, un canal cultural que es una tarea que el Estado entrega a TVN.

No hemos recibido aún nada de estos recursos, que deben entregarse con una plan específico en cada caso; desde hace un mes y medio se trabaja entre una Comisión del ministerio de Hacienda y un equipo ejecutivo de TVN, y el Directorio se apresta a aprobar este Plan de Capitalización y entregarlo al ministerio de Hacienda para recibir finalmente los recursos establecidos en la ley.

Competimos, por tanto, en desigualdad de condiciones con los actuales canales privados que tienen continuos aportes de sus dueños y una importante influencia en las empresas que avisan.

Al respecto mi visión es que el rating, al cual estamos sometidos como canal que está en el mercado, no asegura calidad sino precio de la publicidad y, sin embargo, creo que siendo esta una empresa de información, cultura y entretención, debe ser más eficiente en la creatividad y en la diferenciación de contenidos con los otros canales abiertos.

Siempre hay que preguntarse en que me diferencio como canal público, cual es mi aporte creativo para engrandecer culturalmente a la sociedad civil y garantizar el ser un  canal plural de todos los chilenos.

La cultura en TV no consiste solo en tener un par de programas culturales en un sentido tradicional sino en que toda su programación esté permeada  por la cultura, ese es el desafío y para ello se requieren recursos y no hay ninguna duda que hay una abierta tensión entre programación cultural y de interés, que incluso forme a una audiencia cada vez más nómada, usando el concepto de Maffesoli, y la necesidad de cuadrar la caja mensualmente a través del avisaje.

Las modificaciones a  la ley introducidas en la última ley no tocó el modelo de TVN, solo capitalizó para objetivos precisos. Por tanto el Directorio de TVN debe enfrentar la situación con esta ley y con este modelo y es el dueño, el Estado, el que debe resolver si en algún momento lo cambia.

Hay quienes creen, en el mundo político y más allá de el, que debe instalarse un modelo completamente financiado por el Estado, con un canal público que no compita por el rating y garantice una programación de calidad.

Hay otros que piensan que debe tener financiamiento estatal y ser más bien un canal de gobierno y , por cierto, hay quienes creen que TV debe dejar de existir, privatizarse, porque no tendría razón de ser un canal público ni desde el punto de vista del mercado ni de la sociedad.

Mi visión es claramente contraria a la privatización de TVN. En un país donde todos los medios de comunicación son privados, donde hay una alta concentración de ellos en pocos grupos económicos y donde ésta superditación a intereses económicos determina su línea editoral de manera cada vez mas notoria, es indispensable que TVN siga existiendo como canal público, plural en lo político, social, cultural, temático.

La TV pública fija estándares al resto de la TV abierta y contribuye a que haya competencia de líneas editoriales entre la TV comercial y la pública y con ello ganamos todos.

Creo que es posible continuar teniendo una TV pública con una programación inteligente y competitiva, financiada esencialmente por la publicidad, ya que veo en ello una garantía que TVN no se transforme en un canal de un gobierno o de un partido y desnaturalice completamente su esencia.

Ello garantiza su autonomía y limita las presiones del mundo político sobre los contenidos, especialmente, de sus programas de investigación periodística.

Sin embargo, el Estado debiera capitalizar para proyectos específicos que permitan que determinados programas no dependan directamente del rating y del avisaje para su emisión. Una suerte de financiamiento mixto que apoye los programas de calidad al margen del avisaje.

Creo indispensable si un nuevo modelo de negocios acorde a los desafíos de una TV que ya no es todo, que ya no tiene una dictadura de pantalla, sino es una entre una multiplicidad de pantallas y ofertas digitales que permiten una comunicación de receptor y trasmisor a la vez. 

TVN debe abrirse cada vez más a las multiplataformas, trasmitir y crear programas digitales, debe generar contenidos no solo para su pantalla sino para colocarlos en todas las pantallas y en todos los mercados.

La nueva modernización de TVN  no puede hacerse, sin embargo, con los criterios de la empresa SECOUYA que moderniza para privatizar lo público y para reducir al mínimo lo privado.

TVN debe estudiase a si mismo, debe profundizar sus contenidos regionales y ampliar el área de sus negocios utilizando mejor los enormes recursos humanos que posee ya que lo más importante de TVN son sus trabajadores. Debe seguir siendo un canal masivo, pero apuntando a establecer una mayor sinergia con las pantallas digitales que deben tener una oferta de mayor amplitud y más atractiva y una sinergia con el futuro canal cultural y el canal de noticias 24 horas que es el principal canal de cable en la información.

El canal cultural, científico e infantil puede ser una gran revolución creativa, no sometida necesariamente al rating, que complemente a la pantalla principal y de respuesta a las exigencias de una audiencia que, al menos en las encuestas y estudios de opinión, desea un canal que tenga programación cultural y científica y una dedicación especial hacia la infancia.

La propia programación de todas sus pantallas debe situarse en la vida cotidiana de las personas, en las nuevas subjetividades, en las diversas “tribus”, cito nuevamente al filósofo francés Maffesoli,  a través de las cuales las personas construyen sus identidades o al menos su sociabilidad. Ello implica una nueva concepción del pluralismo. Más disgregado y cambiante que el viejo pluralismo de los partidos.

Es decir, estamos en una sociedad compleja, líquida, posmoderna y la TV no puede ignorar estos cambios de conciencia y de gustos de una audiencia distinta a la del pasado que tiene poca fidelidad y que vive en una velocidad distinta, en un tiempo y espacio nuevo. Aquí es donde hay que reflexionar sobre el mensaje cultural e informativo.

Por ejemplo, hoy no es posible insistir en noticieros de una hora y cuarenta minutos con personas que quieren ocupar sus tiempos en distintas cosas, que ven TV en pantallas móviles, en movimiento ellos mismos.

La noticia, y el contexto, que debe ser parte de la diferenciación de la TV pública, hay que adecuarla creativamente a la vida más veloz de la audiencia y no pretender enclavarla en una programación que no tenga esta dinámica . Esto es especialmente válido para los jóvenes pero lo será crecientemente para todos porque la vida y la sociedad seguirán cambiando velozmente.

¿Qué debe proponerse entregar hoy  a la sociedad chilena actual una TV pública?

¿Cómo ser una agente transformador que prepare a la población para la diversidad de cambios tecnológicos que se incorporan a nuestras vidas? ¿Cómo acompañar desde la TV el continuo cambio de subjetividad de sociedades que se liberalizan?

Estas son reflexiones centrales que el Directorio, junto a la Administración y a expertos, deben responder para orientar su programación.

Aún en medio de la crisis de gobernabilidad, la nueva parrilla de TVN inaugurada solo en mayo de este año, y que contiene programas de investigación periodística, debate político, entretención y conexión social, ha permitido mejorar las audiencias y esperamos que con ello también la participación en el pozo publicitario.

En una industria creativa los números mejoran sólo si la programación cautiva a antiguos y nuevos segmentos de la audiencia y para ello se requiere estar atento a los cambios en la sociedad y en la sensibilidad y expectativas de la población.

Hay mucho que mejorar, sobre todo en el tema de la calidad televisiva para que ella esté acorde a la misión de la TV pública, pero  es un buen nuevo inicio.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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