En contra de Arturo Prat

Hay límite para todas las cosas, pero uno siempre se sorprende que la institucionalidad política haya llegado a ser tan frágil. El PPD acaba de enterarse de que la vicepresidente del partido, Ximena Órdenes, a cargo de su reinscripción, había renunciado en noviembre pasado, en la fecha límite para poder presentarse a senadora por Aysén, tal como ha sido su deseo.

La razón que motivaría esta decisión es que su partido (con ella a la cabeza) no se lograría reinscribir, al menos, en su región, por lo cual quedaría fuera de la competencia parlamentaria. Ni corta ni perezosa, cortó por lo sano y, velando como nadie por sus propios intereses, se desafilió. Es decir, hizo exactamente todo lo contrario de aquello para lo cual estaba encomendada. La idea de renunciar antes a su cargo por decoro parece no habérsele pasado por su cabeza.

A todo esto ni el más ingenuo puede pensar que el PPD (en tan buenas manos y con un interés tan manifiesto por el bien común), tenga posibilidades de reinscribirse normalmente de aquí a poco tiempo más.

Si el partido no controla a su mesa directiva, difícilmente podrá emprender tareas de gran envergadura y tan exigentes como es la reinscripción. Por eso la capacidad de reaccionar ha de ser inmediata y contundente.

Hay preguntas fáciles de hacer y difíciles de contestar.

¿Cómo se puede ser vicepresidenta de un partido y haber renunciado al partido? ¿Cómo puede ser que la colectividad no esté enterada? ¿Quién evalúa la tarea de la inscripción cuando la que está a cargo desecha la posibilidad de lograrla?

Se está haciendo mucha cuestión en estos días sobre la definición del Servel de facilitar la afiliación a los partidos mediante correo electrónico y adjuntando la cédula de identidad escaneada. Puede que la anterior modalidad haya sido muy engorrosa, y esta nueva parezca dar demasiadas facilidades, pero ninguna de estos aspectos es el decisivo. Con cualquier procedimiento que se emplee, nada detiene a quien quiere salir (ahí está Órdenes para probarlo), nadie puede prohibirle a otro que quiera ingresar.

Lo más importante no es cómo los ciudadanos puedan adherir a un partido, sino que subsista la voluntad de hacerlo. En el momento del menor prestigio registrado de las instituciones públicas y de las organizaciones partidarias en particular, no es nada de sencillo convencer a alguien de adquirir un compromiso político.

El refichaje nos habla de un procedimiento (mejor o peor), la voluntad de militar nos habla de un sentido patriótico de bien común (que es algo de vida o muerte para una democracia).

Si tuviera que señalarse el peor problema que genera la “insondable levedad” partidaria, esta sería sin duda, la imposibilidad de sostener a otros, cuando uno mismo tiene dificultades para mantenerse en pie. Hay que recordar que no sólo los candidatos a parlamentarios están en juego sino también la definición presidencial.

Si algo nos enseña la historia reciente es que nada está quedando impune en política, ni deja de tener consecuencias. Este acto, tan inverosímil como dañino, no ha de ser la excepción.

Ricardo Lagos ha sido, dentro de los candidatos presidenciales, quien con mayor brillantez ha diagnosticado como mal central de Chile el debilitamiento institucional, a un punto en el que ha llegado a ser peligroso para el buen funcionamiento de nuestra democracia. Me atrevería a pensar que es la detección de este peligro, en el momento que no parecen existir otras opciones viables de liderazgo, lo que lo decidió a volver a la palestra.

Pues bien, es la honda realidad de esta crisis aquello que más puede afectar la opción presidencial de Lagos. Siendo militante del PPD, si este partido no se logra inscribir, tampoco él puede ser candidato según nuestra legislación vigente. Nunca se ha comprobado mejor lo peligroso que puede resultar el tener toda la razón, en un asunto de la máxima importancia.

Los partidos no se salvarán si no saben reaccionar a tiempo a los peligros mortales que los asechan. Si alguien cree que revalidar la confianza de los militantes y cercanos es una tarea rutinaria no ha de ser un chileno residente. Habita en las nubes. De hecho, solo lograrán pasar esta prueba los partidos que le den la máxima prioridad a la tarea y movilicen todo lo que tienen y se olviden de todo lo que no tienen. Para despertar la confianza de otros hay que recuperar la confianza de los propios.

Para recuperar la confianza ajena, los partidos se han de comportar como algo diferente a una colección de intereses personales, unidos por la posibilidad inmediata de concretar a la brevedad sus ambiciones más primarias. Por oscuro que se vea el horizonte, el futuro del PPD no está ya escrito, se decide ahora.

Lo acontecido es de tal gravedad que sobrepasa las fronteras de este partido, es un síntoma desintegrador demasiado fuerte. Por eso importa tanto la primera reacción en este partido. Esperamos que en esta ocasión, no de continuidad a esa deleznable costumbre de ante las peores faltas, actuar como si nada, y continuar con la vida habitual. Tal como si hubiera vida posible dando curso a la rutina y a la “normalidad”. Al contrario, es la muerte segura.

Nadie debiera incorporarse a una directiva partidaria si no está dispuesto a priorizar el bien colectivo por sobre su interés personal. Para ser egoísta no es necesario buscar compañía.

El heroico gesto de Arturo Prat de saltar sobre la cubierta del barco enemigo en el momento de mayor peligro, puede encontrar sus antípodas en estos “anti-Prat” que se están especializando en saltar al abordaje justo para el lado donde no está el Huáscar. Tal vez con este singular gesto se salven ellos, pero de seguro no salvan a nadie más.

Hay un dicho de nuestro pueblo muy repetido, al que se recurre siempre con ironía, “soldado que arranca sirve para otra guerra”. Todos sabemos que la verdad es justo la contraria. El soldado que arranca no sirve para ninguna guerra. Puede que cambie el escenario, pero no cambiará su conducta. Tal vez sería bueno que reflexionaran sobre esto en Aysén.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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