La hora de hacer la pega

Era bueno en redes sociales el candidato José Antonio Kast. Tan bueno, que hoy sus propios posteos sirven para evaluarlo. Hace cuatro años, el 26 de septiembre, el entonces ciudadano Kast se quejaba de que el presidente Boric llevaba seis meses "gobernando" -así, entre comillas- y que "no ha hecho nada". Le espetaba con soltura que era hora de "dejar de hablar y empezar a trabajar". Cerraba diciendo (sic) "haga la pega!".

¿Es injusto exigírsela a casi ocho meses? A mi juicio sí, pero al del ciudadano Kast no: él mismo evaluó a Boric a los seis. Y precisamente por eso legítimamente le cobran la palabra.

Pero no fue solo con Boric. En junio de 2021, cuando gobernaba la centroderecha, escribió: "Este gobierno no tendrá ningún legado. El Presidente Piñera pasará a la historia como el peor Presidente de los últimos 30 años porque ha faltado a su palabra una y otra vez". Los republicanos estuvieron incluso dispuestos a ser oposición al gobierno porque -decían- ellos sí sabían cómo gobernar. Envejeció mal el tuit: los gobiernos de Piñera, esos que decía Kast que no tendrían legado, reconstruyeron el país después del terremoto de 2010, generaron la creación de un millón de empleos, salvaron de la muerte a 33 mineros, vacunaron contra el Covid a un ritmo que fue ejemplo en el mundo y dejaron aprobada la PGU. Eso es saber gobernar.

¿Y qué es, exactamente, saber gobernar? No es solo tener un buen diagnóstico ni un buen eslogan. Más que conocer la problemática, es conocer la "solucionática", como decía Luis Corvalán. Es elegir bien a los equipos, coordinarlos, anticipar las crisis y, cuando llegan, enfrentarlas con orden. Es, en una palabra, gestión.

Veamos tres señales que nos muestran mala gestión técnica y política de este gobierno. Uno: los equipos. Desde marzo han salido 59 autoridades de gobierno, con cambios de gabinete incluidos. No es rotación: es improvisación. Un equipo que se preparaba hace más de una década para gobernar no debería seguir buscando, a estas alturas, a quién ponerle el casco en la obra.

Dos: el caso Rabat. Es, hasta ahora, el mejor manual de lo que no se debe hacer. El 21 de octubre, a través de una solicitud de Transparencia -no de una vocería, no de una cuenta pública- el país supo que el Ministerio de Justicia había concedido, por decreto y entre marzo y septiembre, 56 rebajas de condena a sentenciados por delitos sexuales contra menores: 29 por violación y 27 por abuso sexual. La Moneda no lo sabía. Varios de los beneficiados ya estaban en libertad.

La primera defensa fue que el ministerio solo revisa requisitos formales y que el sistema funciona así hace más de 20 años. ¿Es una explicación? No. Es una confesión: un ministerio que firma lo que no revisa. Más aún cuando la propia Corte Suprema había recordado, en febrero, que la rebaja de condena es un beneficio y no un derecho adquirido. Había espacio para decir que no.

Después vino el manejo de la crisis. Primero se dijo que el procedimiento había sido impecable; luego, que había mejores alternativas. El subsecretario de Justicia publicó por su cuenta un video explicando que firmaba siguiendo los criterios del ministro, y fue removido. Es decir, se sancionó al subsecretario influencer, no los decretos.

Tres: la conducción política. El Escudo Fronterizo, la bandera más popular del Gobierno, muestra resultados, y hay que reconocerlo. Pero la reforma que debía darle dientes se cayó en la Cámara por falta de quórum. Cuando ni siquiera tu mejor bandera consigue los votos, y los responsables son los diputados que viajaron con el Presidente a la ONU, en lugar de votar, el problema no es la idea sino la mano que la conduce.

Nos quejamos tanto -me incluyo- de los estudiantes en práctica, pero este gobierno va en el mismo camino, el de la intrascendencia de la mediocridad.

Gobernar bien importa, y no solo a quien gobierna. Para evitarlo se hace indispensable llamar a quienes sí saben gobernar, aunque no los quieran. Propongo abrir el gabinete y las subsecretarías a gente con experiencia probada en gestión, publicar metas verificables para cada plan y construir mayorías con humildad.

Gobernar no es una prueba de pureza sino un examen de resultados. No basta con querer hacer la pega. Hay que saber hacerla. Y es hora de hacerla. En seis meses más va a ser tarde.