La expansión de Mercado Libre hacia la comercialización de medicamentos, su alianza con Cruz Verde y los movimientos de Cencosud y Falabella para ampliar su presencia en este mercado obligan a mirar mucho más allá de la comodidad de comprar desde un teléfono. Lo que está en juego es si permitiremos que grandes plataformas comerciales avancen hasta que tomen el control de la dispensación en Chile, trasladando al medicamento una lógica concebida para aumentar transacciones, acelerar decisiones de compra y concentrar consumidores dentro de grandes ecosistemas comerciales.
Un medicamento no es un producto cualquiera porque no es inocuo: contiene principios activos, puede generar efectos adversos, interactuar con otros tratamientos, presentar contraindicaciones y producir daño cuando se usa de manera incorrecta. Por eso, su dispensación exige responsabilidad sanitaria y no puede reducirse a una simple transacción comercial. Y una farmacia no es simplemente otro vendedor dentro de un marketplace, es parte de la red sanitaria local.
La venta online de medicamentos está permitida y regulada en Chile. El problema surge cuando la estructura comercial comienza a pesar más que la estructura sanitaria encargada de proteger al paciente. Una plataforma puede organizar búsquedas, ordenar resultados, recomendar productos, ofrecer promociones y facilitar pagos. La dispensación exige algo distinto: responsabilidad profesional, revisión de recetas, advertencias sobre interacciones, contraindicaciones, dosis y uso adecuado. Un algoritmo puede recomendar un producto, pero no puede asumir la responsabilidad sanitaria por esa recomendación.
La regulación chilena reconoce precisamente esa diferencia. Los sitios autorizados para expender medicamentos no pueden presentar la información de manera que favorezca injustificadamente un producto sobre otro, y los descuentos no deben transformarse en incentivos para privilegiar determinados medicamentos. Esa norma adquiere especial importancia cuando entra en escena un modelo construido sobre posicionamiento, recomendaciones, publicidad y productos destacados. Debemos saber quién decide qué medicamento aparece primero, bajo qué criterios se ordenan los resultados, cómo se muestran los bioequivalentes y si una empresa puede obtener mayor visibilidad por razones comerciales.
También debemos observar quién controla el acceso al consumidor. Si una plataforma administra una parte relevante de la demanda digital y al mismo tiempo participa en la comercialización de medicamentos, la visibilidad de productos, la logística, los medios de pago y el acceso a información comercial dejan de ser asuntos secundarios. Quien controla la puerta de entrada digital posee una capacidad que una farmacia independiente difícilmente puede igualar. AFFI Chile ha planteado que estas materias deben ser observadas tanto por la autoridad sanitaria como por la Fiscalía Nacional Económica.
Las farmacias independientes cumplen exigencias sanitarias, mantienen profesionales responsables, enfrentan costos laborales y regulatorios y sostienen una infraestructura física vinculada al acceso territorial a medicamentos. La expansión digital no puede transformarse en una vía para que determinados actores obtengan ventajas derivadas de su escala, capacidad económica o estructura tecnológica. Las exigencias sanitarias deben ser equivalentes y las reglas competitivas deben permitir que una farmacia pequeña pueda participar sin quedar subordinada a quien controla la plataforma.
A esto se suma el manejo de datos. Buscar y comprar medicamentos puede revelar tratamientos, enfermedades, frecuencia de consumo y otros antecedentes sensibles. Esa información no puede tratarse como un dato comercial cualquiera. Chile necesita garantías claras de que los datos vinculados a medicamentos no serán utilizados para perfilar consumidores, alimentar publicidad o inducir nuevas compras.
La trazabilidad tampoco puede debilitarse. El origen del producto, su almacenamiento, conservación, vencimiento, transporte y cadena de frío deben seguir sometidos a controles estrictos. La rapidez de una entrega nunca puede reemplazar la responsabilidad sanitaria. La plataforma puede facilitar el proceso, pero la dispensación debe seguir bajo control profesional.
Hay además una dimensión territorial que no puede ignorarse. Las farmacias independientes mantienen presencia local y atención farmacéutica directa en numerosas comunidades. Su desaparición no significaría únicamente menos comercios. Puede significar también menos acceso cercano, menos orientación profesional y mayor concentración del mercado. AFFI reconoce que un marketplace abierto puede representar una oportunidad para las pequeñas y medianas farmacias, siempre que opere bajo criterios transparentes, objetivos y no discriminatorios.
El debate no consiste en elegir entre comercio presencial y comercio digital. Consiste en decidir quién conserva el centro de gravedad de la dispensación farmacéutica. Debe permanecer en el ámbito sanitario, bajo responsabilidad profesional, con trazabilidad, protección de datos y condiciones de competencia equilibradas.
Mercado Libre, Cencosud, Falabella y cualquier otra gran empresa tienen intereses comerciales legítimos. El Estado tiene una obligación distinta: proteger la salud de las personas y evitar que el tamaño económico termine determinando cómo se dispensan los medicamentos en Chile.
Porque detrás de cada clic hay un paciente. Y detrás de cada medicamento debe existir seguridad, información, trazabilidad y un químico farmacéutico responsable.