¿Quién dijo que hay una edad para aprender? A veces hablamos de tecnología como si existieran personas destinadas a entenderla y otras condenadas a mirarla desde afuera, a quedar excluidas. La edad suele aparecer como una de las principales barreras, como un obstáculo que, llegado cierto punto, pareciera ser inamovible. Pero hay que ser claros: el problema nunca es la edad, el problema es el acceso a oportunidades de aprendizaje.
En lugar de preguntar por qué algunas personas mayores no utilizan determinadas tecnologías, preguntémonos qué necesitan para aprender a utilizarlas.
Hace pocos días nuestra fundación, Conecta Mayor UC, realizó en AIEP un testeo masivo de su Programa de Empoderamiento Digital (PED) Avanzado, con más de 100 personas mayores inscritas. La experiencia busca fortalecer sus competencias para comprender y utilizar internet, inteligencia artificial y distintas plataformas digitales de manera autónoma, consciente, segura y participativa.
Detrás de esta actividad hay una señal que vale la pena mirar con atención: existe interés y disposición de las personas mayores por seguir aprendiendo y adquiriendo nuevas herramientas digitales. Y eso importa especialmente en un momento en que la tecnología dejó de ser opcional para convertirse en parte de nuestra vida cotidiana.
Esa vitalidad también se refleja en los resultados de los 100 Líderes Mayores 2026, una campaña que reconoce el aporte activo a la sociedad de aquellos que ya cumplieron 75 años de edad o más. Después de recibir sobre 4.400 postulaciones desde la ciudadanía, luego del veredicto del jurado, ahora conocimos los 100 nombres de los ganadores y ganadoras de este año, entre los que figuran la expresidenta Michelle Bachelet, 11 Premios Nacionales de diversos ámbitos, empresarios, deportistas, alfareros, artesanas, dirigentes, el cartero más longevo de Chile e incluso una youtuber y una influencer sobre vejez en Instagram.
Explorar aplicaciones como Instagram, TikTok y Pinterest, o usar la inteligencia artificial y reconocerla son parte de nuestro PED Avanzado, que tanto nos pedían las personas mayores en talleres de distintas comunas de todo el país.
Se trata de acciones aparentemente simples, pero que hoy forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. Por eso, cuando hablamos de inclusión digital de las personas mayores, no estamos hablando únicamente de tecnología.
La verdadera inclusión ocurre cuando una persona puede tomar decisiones informadas, resolver una necesidad, comunicarse con otros y participar en su entorno sin que la tecnología se convierta en una barrera. Para eso hay algo fundamental: aprender.
Hemos desarrollado una cultura que celebra la capacitación de los jóvenes, pero que muchas veces olvida que el aprendizaje continúa durante toda la vida. Una persona de 70, 80 o 90 años también puede realizar sus propios trámites digitales o conocer nuevas aplicaciones, tiene la opción de aprender sobre inteligencia artificial o entender cómo proteger sus datos. Y puede hacerlo.
El desafío está en generar las condiciones. Se deben diseñar capacitaciones que consideren los ritmos y experiencias de quienes aprenden, utilizar un lenguaje claro, permitir la práctica y, sobre todo, entender que no existe una única manera de relacionarse con la tecnología.
También implica abandonar una idea que puede ser especialmente perjudicial: que las personas mayores necesitan que otros hagan las cosas por ellas. El acompañamiento es importante. Sin embargo, el acompañamiento no es sinónimo de dependencia.
Cuando enseñamos a una persona mayor a realizar una operación bancaria desde su celular, no le estamos entregando solamente una instrucción. Estamos ampliando su autonomía. Cuando le enseñamos a reconocer contenidos creados mediante inteligencia artificial, estamos fortaleciendo su desenvolvimiento crítico digital. Cuando aprende a configurar su privacidad, está adquiriendo herramientas para protegerse. Eso es empoderamiento digital.
La transformación tecnológica no se va a detener. Internet seguirá cambiando, aparecerán nuevas plataformas y la inteligencia artificial modificará la manera en que interactuamos con información y servicios. Pretender que una persona aprenda una vez y quede preparada para siempre tampoco es realista.
Necesitamos, entonces, una política de aprendizaje digital permanente, con un enfoque gerontológico, que sea validada por personas mayores y que las considere en todo el proceso, desde el diseño hasta la implementación.
Las personas que participaron de este testeo nos recuerdan algo que deberíamos tener presente: la curiosidad no envejece, tampoco lo hacen las ganas de aprender.
La pregunta que debemos hacernos es si ¿de verdad estamos haciendo lo suficiente para que tengan la posibilidad de aprendizaje? Porque muchas veces el problema no está en la edad. Está en las oportunidades.