"No olviden jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca son adquiridos. Deberán permanecer alerta durante toda su vida".
- Advertencia atribuida a la filósofa Simone de Beauvoir
Una mujer puede tener reconocida su igualdad ante la ley y no tener con quién dejar a sus hijos mientras busca trabajo. Otra puede asistir a talleres para ganar independencia económica y temer que un recorte interrumpa el programa que la acompaña. Entre la promesa de equidad y la vida cotidiana se necesitan instituciones, recursos y voluntad política. Cuando esos apoyos se debilitan, la igualdad pierde su respaldo en la vida diaria. Ahí cobra sentido la advertencia de Beauvoir.
En su ensayo "El segundo sexo" (1949), la filósofa francesa cuestionó la idea del hombre como medida de lo humano y de la mujer como "la otra", definida respecto de él. "No se nace mujer, se llega a serlo" desafió los mandatos que enseñan a las mujeres a cuidar a todos a costa de postergarse. Beauvoir incomodó porque hizo discutible lo que la costumbre obligaba a aceptar como un destino inevitable.
Pero, ¿por qué hablar de Beauvoir en estos días? El 29 de septiembre, The Clinic informó que la directora de Prodemu (Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer) pidió excluirla de un video sobre autoras francesas destacadas, citando cuestionamientos biográficos recogidos en Wikipedia. La fundación aclaró que sus libros seguían disponibles. Sin embargo, examinar su biografía exige rigor. También lo exige explicar su aporte a la autonomía de la mujer desde una institución dedicada, precisamente, al desarrollo de las mujeres.
Al día siguiente, la expresidenta Michelle Bachelet afirmó en La Pintana: "Si incomodo porque creo en la democracia... porque defiendo los derechos de las mujeres y los derechos humanos". Tras retirar su candidatura a la Secretaría General de la ONU, defendió los derechos de las mujeres y descartó abandonar la política. Durante su primer gobierno, el pilar solidario y el bono por hijo ampliaron la protección previsional; el programa Chile Crece Contigo (actual Chile Crece Más) fortaleció el apoyo al desarrollo infantil desde la gestación. Fueron respuestas públicas a necesidades que los hogares no podían resolver solos.
Pero, ¿cómo ambas se relacionan? Y... ¿por qué son mujeres que incomodan? Tanto a la filósofa Beauvoir como a la excomisionada Bachelet las une la autonomía: que una mujer pueda decidir sobre su propia vida.
Desde distintas veredas, la filosofía y la política, obligan al poder a responder una pregunta: ¿Quién puede elegir su camino? y ¿quién paga, con trabajo no remunerado, el costo de cuidar a los demás? Beauvoir ayudó a cuestionar la obligación de postergarse; Bachelet impulsó apoyos donde las mujeres debían enfrentar la desprotección en soledad.
¿Cómo se conecta esto con los actuales recortes del Estado? Si un apoyo público se interrumpe, la necesidad no desaparece por decreto. Alguien debe alimentar, acompañar o sostener. Ese trabajo puede volver al hogar y recaer sobre las mujeres, quitándoles ingresos, descanso y oportunidades.
Y es que, como se suele repetir: dato mata relato. Según el INE, la desocupación femenina pasó de 9,3% a 10,3% entre junio-agosto de 2025 y el mismo trimestre de 2026: un punto porcentual más. Por separado, el número de mujeres cesantes aumentó 12,8% en 12 meses. Para una madre que sostiene sola su hogar, perder el ingreso no es solo un número, sino que, es decidir qué cuenta dejar de pagar mientras el arriendo vence y sigue buscando empleo.
Buscar trabajo exige algo que suele olvidarse: tiempo. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2023 del INE, realizada en las principales zonas urbanas, muestra que las mujeres dedican en promedio cuatro horas y 57 minutos diarios al trabajo no remunerado; los hombres, dos horas y 52 minutos. Suplir un apoyo perdido puede aumentar esa carga y dejar menos tiempo para capacitarse, trabajar o descansar. Así se estrecha la libertad de elegir.
En ese contexto debemos mirar Prodemu. Según Bío Bío Investiga, el proyecto de Presupuesto 2027 contempla recursos para su funcionamiento hasta el 31 de marzo y para su cierre y liquidación, sujeto a discusión del Congreso. Advierte que 942 participantes de segundo año de Mujeres Rurales podrían no completar su formación de tres años. Aunque la ministra de la mujer anunció el traspaso del programa, la autonomía exige certezas: quién continuará acompañándolas, con qué recursos y cómo se logrará no tener interrupciones.
Lo que está en juego es la posibilidad de sostener una vida propia. Si se debilitan los apoyos para generar ingresos o las redes de cuidado, una mujer puede verse obligada a postergar una capacitación, rechazar un empleo o reducir su jornada. La cuenta puede pagarse con menos ingresos, mayor dependencia económica y más cansancio. Así pierde terreno la autonomía que Beauvoir ayudó a pensar y que Bachelet contribuyó -en nuestro país- a respaldar con políticas públicas.
Ante lo anterior es difícil no preguntarse ¿quién cuida cuando el Estado recorta? ¿Quién garantiza que el ajuste no termine exigiendo a las mujeres más trabajo gratuito e invisible? El Gobierno propone los recortes, pero la responsabilidad no termina ahí. Si el Congreso no exige garantías y las instituciones no aseguran la continuidad de los apoyos, el Estado también falla. ¿Se espera que las mujeres cubran esa falta de respuesta con su tiempo, sus ingresos y su salud?
Defender los caminos que estas mujeres líderes abrieron, exige que otras puedan decidir sobre sus vidas. No queremos que nos apaguen ni que nuestra autonomía dependa de cuánto sacrificio podamos soportar. Que una mujer reclame sus derechos puede incomodar al poder. Que tenga que renunciar a sus proyectos y postergarse para cuidar a todos, debería incomodarnos a todos.