Julio Escámez Carrasco

Hace sólo unos días y tras haber recibido el Honoris Causa de la Universidad Nacional de San José de Costa Rica – país que le abrió sus puertas cuando le persiguió la dictadura chilena – ha fallecido uno de los más grandes artistas de la historia de Chile, mi entrañable amigo y compañero, Julio Escámez Carrasco.

Hermano de la actriz chilena Orietta Escámez y amigo de personalidades como Pablo Neruda, Salvador Allende, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Violeta Parra, González Camarena, Nemesio Antúnez, Joaquín Gutiérrez, José Miguel Varas, Gregorio de la Fuente, José Venturelli y tantas y tantos de todo el mundo.

Sus obras se encuentran en varios importantes museos de otras tierras.En Costa Rica quedan sus murales “La tierra” y “La ciudad del futuro” en el Instituto Nacional de Seguros de San José ; en Chile quedan sus murales de la farmacia Maluje en Concepción, de la escuela República de Cuba en Lota y debió quedar su obra magistral en el salón de honor de la Municipalidad de Chillán, inaugurada en 1972 por el Presidente Salvador Allende y la orquesta sinfónica.

Sin embargo, esa gigantesca obra que expresaba la realidad del pueblo trabajador en las condiciones de explotación y el amanecer que irrumpía en nuestro país con la victoria popular en las elecciones de 1970, resultaba insoportable para la mediocridad cultural y política de los triunfadores del sangriento golpe del 73. Por lo que fue primero tapada con alquitrán y luego – ante el riesgo que pudiera ser limpiada – se procedió a destruir los inmensos muros en que fue creada. Cuando el general fascista español Millan Astray gritó  “¡muera la inteligencia!” interpretó a todos los bárbaros de todos los tiempos.

Comandante del regimiento de Chillán era entonces el coronel Guillermo Toro Dávila, el mismo bajo cuyo mandato fueron asesinados el alcalde de la ciudad Ricardo Lagos Reyes, su esposa embarazada de 8 meses y su hijo Carlos, de 19. Toro Dávila fue más tarde en dictadura “embajador” en Uruguay y su hermano Agustín ¡rector de la Universidad de Chile! A esos extremos llegó Pinochet.

Los conscriptos y obreros que durante la dictadura militar fueron obligados a destruir a golpe de picota el muro del entonces enorme Salón de Honor de la Municipalidad de Chillán a objeto de hacer desaparecer para siempre el bellísimo mural del artista Julio Escámez, no fueron los culpables de ese crimen contra la Cultura.

Los verdaderos autores fueron los ignorantes uniformados, las autoridades sublevadas de la ciudad y los fanáticos de la derecha local.

El proceso de pintura del mural chillanejo había abierto un amplio espacio artístico y cultural. Casi todas las noches, concluido el trabajo de Julio y sus ayudantes, se provocaba en el mismo lugar espontáneos recitales de poesía, charlas, conversatorios y participaban grupos musicales locales o visitantes.

Es que eran años de un despertar cultural nunca visto antes.Hoy nos parece un sueño pero así fue. En ese salón o en las peñas que en la ciudad existían llegaron a actuar figuras como Mercedes Soza, Carlos Puebla y otros. Allí, en la peña del “Toño” Monroy, almorcé una tarde, es un ejemplo, con Graham Greene, sí, el autor  de “El poder y la gloria”, entre tantas otras obras suyas.

Es que Chile brillaba con luz propia y los mejores intelectuales de todas partes viajaban a conocer esta inédita experiencia de construir una sociedad mejor en los marcos de una democracia tradicional cuyo único pecado fue no haber parado a tiempo a los sediciosos variopintos que no aceptaban perder sus privilegios.

Vuelvo a Escámez. Sobre él dijo Pablo  Neruda : “Vemos como en su obra se han reconocido las esencias más extraordinarias de la creación que tienen la quietud de la profundidad, de la verdad, de la poesía. Admiro en él tanto aspectos de una presencia creadora que es como una flor en su unidad maravillosa”. Y agregaba.“Por una rara coincidencia, un libro mío toma el mismo tema que Escámez :el inmenso desgarramiento de un artista ante el espectáculo de un siglo que agoniza, que se estremece para dar a luz un nuevo concepto de la sociedad humana. La pintura de Julio Escámez, su carrera estética, son un lujo para nuestro país”

JulioEscámez fue un enamorado de la vida, de la luchas sociales y por supuesto también de la belleza de la mujer. Alcancé a conocer a alguna de sus valiosas compañeras. Y a enterarme de otros romances como de esa apasionada relación en Concepción con la gran Violeta Parra que le significó que, tras la ruptura, pasara a ser el personaje de la conocida canción de Violeta, “La muerte con anteojos”. Huelga comentar que Julio usó anteojos toda su vida

Mi amistad con él nació en casa del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez en plena campaña por las presidenciales del 70 y de allí surgió la propuesta del mural de Chillán impulsada en nuestros años alcaldicios ; un tiempo bello en que Julio ganó en nuestra ciudad numerosos amigos y amigas a los que hoy duele mucho su partida. Los años pasaron y tras el golpe nos vimos muy pocas veces  aunque sin perder nunca el contacto.

Enterado de la destrucción de su mural, me escribió desde San José a La  Habana en el año 1975 y, pese a su dolor, afirmaba entusiasta :“Eduardo, volveremos y pintaremos un mural cien veces más hermoso". No pudo ser. No eran los tiempos.

Y en una de nuestras últimas reuniones en Santiago en casa de Orietta, el 11 de abril del 2005 nos dedicó un reciente libro con sus dibujos y pinturas. Hoy releo la dedicatoria : “ A  Eduardo y Rebeca quienes mantienen un aliento de esperanza en esta hora trágica de los pueblos agredidos por el despiadado sistema, con un abrazo fraternal de Julio Escámez”

Recuerdo por último que como el artista fue además un viajero incansable que recorrió cada lugar de casi cada uno de los países de la tierra, Neruda escribió en una ocasión: “Sentí la necesidad de hablar alguna vez de Escámez. Este ser tan inasible que se nos escapa siempre en largos viajes en que parece imposible regresar. Y él regresa siempre a darnos una nueva visión de la vida, de la ternura del ser humano”

Con una profunda tristeza digo que esta vez Julio Escámez desgraciadamente no volverá físicamente nunca más. Pero afirmo, que su obra sí seguirá siempre regalándonos la fuerza y la ternura de este gran chileno.

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