Hablar de seguridad del paciente hoy exige hablar de transformación digital. En un sistema de salud donde la información clínica, los sistemas de atención y cada vez más herramientas tecnológicas forman parte de la práctica cotidiana, la seguridad ya no depende únicamente de protocolos y decisiones clínicas. También depende de que la tecnología funcione, que la información esté disponible cuando se necesita y que los sistemas sean capaces de comunicarse de manera segura.
No se trata de una discusión sobre modernización ni de incorporar tecnología por el solo hecho de hacerlo. Se trata de generar mejores condiciones para una atención segura. Una ficha clínica que puede ser consultada oportunamente, información que acompaña a una persona entre distintos niveles de atención, sistemas que advierten riesgos o herramientas que apoyan una decisión clínica pueden marcar una diferencia.
Por eso, la interoperabilidad es mucho más que una cuestión técnica. Cuando los sistemas pueden intercambiar información clínica de manera adecuada, los equipos de salud tienen mejores condiciones para conocer los antecedentes de una persona, tomar decisiones informadas y dar continuidad a su atención. Chile dio un paso relevante con la ley de Interoperabilidad de Fichas Clínicas, pero su implementación aún tiene un desafío pendiente: la publicación de su reglamento y la norma técnica respectiva. Esto será clave para traducir lo establecido en la ley en condiciones concretas para el intercambio de información clínica.
El mismo principio aplica a la ciberseguridad y la protección de datos. Un sistema de salud no puede considerarse seguro si la información clínica está expuesta o si un incidente tecnológico puede impedir el funcionamiento de servicios esenciales. La ley Marco de Ciberseguridad y la nueva ley de Protección de Datos Personales, que entrará en vigencia en diciembre, refuerzan la necesidad de contar con capacidades para proteger la información y responder frente a los riesgos que acompañan la transformación digital.
La calidad de las tecnologías también importa. Una plataforma de telemedicina, un registro clínico electrónico o una herramienta basada en inteligencia artificial no deberían llegar a los procesos de atención sin evaluaciones que permitan conocer su calidad, seguridad y pertinencia. Innovar en salud no puede significar simplemente incorporar nuevas soluciones; significa hacerlo bajo condiciones que reduzcan riesgos y protejan a quienes las utilizan.
Y nada de esto será suficiente sin personas preparadas. Los equipos necesitan formación para comprender las tecnologías, utilizarlas correctamente y reconocer los riesgos asociados a su uso. La transformación digital no ocurre solo en los sistemas: ocurre también en las capacidades de quienes trabajan con ellos.
La reciente conmemoración del Día Mundial de la Seguridad del Paciente, nos recuerda que ella no puede quedar al margen de la transformación digital ni esperar a que ocurran errores para ocupar un lugar en este proceso. Debe ser una exigencia desde el primer momento: al diseñar una tecnología, al implementarla y cada vez que se utiliza. Porque en salud, una tecnología que no considera la seguridad desde el diseño, no es una transformación efectiva.