Longevidad saludable, oportunidad para el desarrollo de América Latina

La abuela que espera a sus nietos a la salida del colegio. El vecino que abre su tienda cada mañana. La profesora jubilada que sigue enseñando en su barrio. En Chile, y en toda América Latina, las personas mayores sostienen familias, comunidades y economías. Su presencia creciente expresa una conquista: vivimos más.

América Latina y el Caribe envejecen a una velocidad inédita. La población mayor aumenta mientras disminuye la joven, en una región donde la desigualdad todavía presiona a los sistemas de salud y protección social. Esta transformación ya está en marcha.

Los avances de la salud pública, la medicina, la educación y el desarrollo social han permitido ganar años de vida. El reto ahora es que esos años se vivan con salud, bienestar y dignidad.

Envejecer puede traer soledad, múltiples enfermedades y pérdida de autonomía. También abre una oportunidad: transformar los sistemas de salud y cuidados, fortalecer los vínculos entre generaciones y crear comunidades donde cada persona pueda participar y aportar durante toda la vida.

Chile representa con claridad esta nueva realidad. Según el Censo 2024, 3.665.028 personas tienen 60 años o más: el 19,8% de la población. Las proyecciones oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas estiman que, hacia 2050, este grupo alcanzará el 32,1%: casi una de cada tres personas.

Ante este escenario, la OPS/OMS ha situado el envejecimiento saludable entre sus prioridades regionales. La Década del Envejecimiento Saludable 2021-2030 propone medir el éxito no solo por los años vividos, sino por la capacidad de las personas para conservar su autonomía, bienestar y participación.

Esto exige cambiar la mirada. Envejecer saludablemente no consiste solo en evitar enfermedades, sino en preservar la capacidad funcional, proteger derechos y permitir que cada persona continúe desarrollando su proyecto de vida.

En Chile, esta visión ya se traduce en acciones. La cooperación técnica de la OPS/OMS ha apoyado la estrategia de Atención Integrada para las Personas Mayores, que promueve la detección temprana del deterioro funcional y una atención centrada en la persona desde la Atención Primaria de Salud. Este trabajo reúne al Ministerio de Salud, Senama, municipios, universidades, centros colaboradores y otros socios.

También se han fortalecido iniciativas sobre salud mental, inmunización, prevención de enfermedades crónicas, cuidados integrales y conexión social. La evidencia confirma que las relaciones significativas, la participación comunitaria y los entornos favorables son componentes esenciales del bienestar.

Un avance destacado es la construcción de entornos amigables para las personas mayores. Chile lidera América Latina con 217 comunas activas en la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores de la OMS. Este resultado refleja el trabajo de gobiernos locales, instituciones públicas, academia, organizaciones comunitarias y fundaciones.

El envejecimiento saludable no se construye únicamente en los servicios de salud. También depende de plazas accesibles, transporte inclusivo, viviendas adecuadas, barrios seguros y oportunidades de participación. Los entornos influyen directamente en la autonomía y la calidad de vida.

Esta mirada reconoce que el envejecimiento saludable comienza mucho antes de la vejez. Las decisiones adoptadas a lo largo de la vida -en educación, trabajo, alimentación, actividad física, prevención y participación social- condicionan la forma en que llegamos a edades avanzadas.

Ninguna institución puede responder sola a esta transformación. Se requiere acción coordinada entre gobiernos, academia, sector privado, fundaciones, sociedad civil, familias y las propias personas mayores. La longevidad debe incorporarse en las decisiones públicas de hoy, no quedar relegada como un asunto del futuro.

El llamado es concreto: combatir el edadismo, reconocer el aporte de las personas mayores, fortalecer servicios integrados, ampliar los cuidados y consolidar entornos amigables en cada territorio. También debemos abrir oportunidades de aprendizaje, participación y bienestar durante todo el curso de vida.

El envejecimiento no es una crisis: es uno de los mayores triunfos de la salud pública. La tarea de nuestra generación es lograr que cada año ganado sea vivido con dignidad, salud, participación y propósito. Ese es el compromiso de la OPS/OMS y de toda la sociedad.