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El futuro de Chile

"Debemos ser realistas para no olvidar nunca de dónde venimos, pero visionarios para buscar oportunidades y crecer". Fue la primera reacción de uno de los alumnos de un colegio de La Pintana hasta donde llegué hace unos días para ser parte de una actividad convocada por la Fundación Enseña Chile. Una actividad que tenía como propósito construir, con los estudiantes, los valores que los iban a representar durante el año, tanto a modo personal como grupal, y así enfrentar de mejor manera la nueva Prueba de Selección Universitaria.

Debo confesar que estaba muy nervioso. Nunca me había tocado trabajar con jóvenes y me sentía (y siento) completamente desconectado de las nuevas generaciones, aun cuando tengo 35 años.

En Fundación Emprender acompañamos a empresarios a enfrentar sus desafíos y tomar mejores decisiones. Esto lo hacemos a partir de metodologías de aprendizaje entre pares, vale decir, a partir de la puesta en común de experiencias entre distintos empresarios.

Lo anterior nos ha permitido especializarnos en generar comunidades, establecer confianzas en grupos, y desde ahí, lograr que las personas que participan visualicen sus propósitos y concreten sus objetivos. Es por esto que algunas veces nos invitan a facilitar instancias distintas al quehacer empresarial.

Y en esta oportunidad fue en este colegio de La Pintana. Una experiencia que desde el inicio fue espectacular. Muchachos serios, alegres, bien educados y respetuosos miraban con inocencia y valentía un discurso inicial que, si bien era motivador, era también realista, y ponía desde el primer momento el contexto desventajado del cual provienen, y las dificultades que tienen los alumnos de este establecimiento para ingresar a la universidad y mantenerse en ella hasta el final.

Un encuentro franco y motivador y que estos jóvenes estudiantes agradecieron de entrada, instándolos a a depositar su confianza en esta actividad.

Pero quizás uno de los momentos más emotivos se vivió al entrar en tierra derecha y ayudarlos en la construcción de los valores que querían trabajar en este año. Los jóvenes participaron activamente y, a través de una conversación de alto nivel, pusieron en común un abanico de valores con un grado de madurez que no había imaginado.

"Compromiso. No sólo con uno mismo, sino que también con el resto del grupo", comentó una joven. A los profesores destinados para este grupo (ejecutivos de gran trayectoria en Chile y voluntarios para este desafío) también se les veía emocionados, y algo aliviados del nerviosismo inicial.

Fui invitado a colaborar. A donar una parte de mi tiempo y experiencia. Sin embargo, salí agradecido y en deuda, porque siento que gané más de lo que entregué. Gané esperanza y tranquilidad, por presenciar un potencial enorme, en aptitudes y calidad humana. Un potencial que creía que no existía.

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