Las últimas cifras entregadas por el INE en enero -que muestran que Chile supera los 20 millones de personas, pero que a fines de esta década habrá más fallecimientos que nacimientos en el país-, revelan que habrá una transformación radical en nuestra sociedad, lo que también impactará al sistema de pensiones y en el mercado laboral.
Las proyecciones del INE indican que a partir de 2036 la población dejará de crecer, iniciando una reducción gradual que nos llevará a contar con apenas 16.972.558 habitantes hacia 2070, un fenómeno impulsado por la caída sostenida de la fecundidad y un aumento de la longevidad. Este cambio se manifestará con fuerza en 2028, año en que las defunciones superarán a los nacimientos, marcando el inicio de un "invierno demográfico" donde la vida se extiende pero la renovación generacional se detiene.
La esperanza de vida -a pesar del retroceso temporal de 1,7 años provocado por la pandemia entre 2019 y 2021-, retomará su senda ascendente hasta alcanzar un promedio de 88,4 años en 2070, con las mujeres superando la barrera de los 90 años. Si bien hoy en 2026 nos situamos en una media de 81,8 años, el éxito de la medicina y las mejores condiciones de vida nos enfrentan al desafío de financiar jubilaciones que deberán cubrir décadas, así como en la necesidad de fomentar una mayor extensión de la vida laboral, haciéndola compatible con una mayor longevidad. Esta mayor supervivencia convive con una base de la pirámide que se estrecha aceleradamente, pues mientras en 1992 los menores de 15 años representaban casi el 30% de la población, para el 2070 apenas alcanzarán el 7,2%.
La presión sobre la parte solidaria del sistema previsional se vuelve crítica al observar que, en 2045, la población de 65 años o más triplicará a la población infantil, llegando a una proporción de casi 600 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años hacia el final del periodo proyectado. Con más del 42,6% de los habitantes superando la actual edad de jubilación en 2070, debe monitorearse los beneficios no contributivos. La legislación contempla las instancias técnicas permanentes para este monitoreo, que deberá dar las recomendaciones de ajuste a la autoridad respectiva, pero esos cambios requerirán del consenso político, lo que complejiza el tema.
En el área laboral, debemos seguir avanzando en adaptabilidad y capacitación para los adultos mayores es clave si queremos darles las herramientas para prolongar su vida laboral, pudiendo plantearse ingresos mínimos y tasa de cotización diferenciados por rango etario, que ayude a la competitividad; así como la creación un fondo especial de capacitación y jornadas flexibles.
Como vemos, es determinante que el país proyecte, analice y en su momento introduzca soluciones para el escenario demográfico que viene: estudiando desde ya eventuales mejoras en el sistema de pensiones; incorporar al mundo laboral a personas de mayor edad y tener condiciones adaptadas a la edad "plateada", son algunos de los retos que debemos enfrentar como sociedad.
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