Navidad

Dicen que algo más de 2000 años nació un niño en una cueva en el Medio Oriente.También dicen que este niño más tarde sería El Salvador del mundo. El hecho es que al parecer, días después de su nacimiento, y salvándose de una matanza ordenada por quién gobernaba, para no permitir la mentada profecía, llegaron de oriente unos (dicen que reyes) personajes a regalar al recién nacido oro, incienso y mirra (que a excepción del oro los otros hoy en día no son muy valorados que digamos).

Pues bien. El niño resultó ser bastante avanzado en sus pensamientos. Y divino o no, pasados los años logró sentar las bases de la moral, al menos de occidente.

En las fechas navideñas, entiendo, se celebra su nacimiento. Un nacimiento en un lugar hostil o algo alejado de cualquier comodidad, que dicen, debía ser así.

Llama la atención entonces que en nuestros días se desentiende totalmente el verdadero sentido de la celebración, cual es el regocijo de saber que un niño desde la pobreza que traía en la sangre logró convencer a toda una humanidad que el valor de la misma es el amor y el sacrificio. Este último según los evangelistas, hasta dar la vida por amor al otro, y en un nivel más mundano y contemporáneo “hasta que duela”, según el santo chileno.

Pasados los años, desde su nacimiento, se escribe una leyenda centroeuropea de un viejo señor que para celebrar estas fechas regalaba juguetes a los niños emulando los regalos de los magos que habrían acudido al nacimiento del pequeño conocido como Jesús. Hasta ahí todo bien, hasta la llegada del siglo XX, siglo que según una magnífica película hollywoodense llamada “El Abogado del Diablo” ha sido enteramente de él (del diablo digo).

El hecho es que el de la película parece que tenía razón, pues hoy en día el sentido de la celebración ha perdido su total sentido, cual entiendo es el nacimiento de un niño que habiendo nacido y muerto pobre logró cambiar con sus ideas algunos paradigmas valóricos de una sociedad que ya en esa época eran cuestionadas, pero que al parecer hasta el día de hoy no lo entendemos.

La celebración no se trata de comprar, comprar y seguir comprando, intentando demostrar amor con cosas, gastando lo que no tenemos y entregando finalmente nuestras finanzas (almas) al más próspero de los pascueros, o sea, el que nos vende todo para que nosotros creamos que damos amor con nuestra alma hipotecada hasta los tuétanos.

El asunto se trata de dar lo que tenemos, o sea sentimientos, no cosas. Como decía Víctor Jara... “y mis manos son lo único que tengo”.Y esas manos son las que se usan para dar abrazos, caricias, cariños y palmadas. Y cuando ellas hacen eso, actúan conectadas con el corazón, no con la billetera.

Dicho el panfleto sentimental. Entonces y como diría un antiguo dramaturgo inglés ¿celebramos o no celebramos? Celebremos pues digo yo. Pero celebremos al pequeño nacido hace dos millares de años, celebremos sus ideas que, divinas o no, realzan el respeto y el amor, pero como sentimiento perenne, no estacional.

Celebremos dando sin esperar recibir, celebremos dando cariño, una tarjeta hecha y escrita por nosotros mismos, celebremos el haber enseñado a entregar sin esperar nada a cambio.

Celebremos perdonando.

Celebremos enseñando a nuestros niños que el anciano vestido de rojo es un ayudante de la bondad al que no hay que pedirle otra cosa sino que pueda dar a los otros y no a nosotros.

Pero, lo que en realidad propongo es que celebremos todos los días, no sólo como pretexto de determinada fecha. Celebremos emulando al conejo del país de las maravillas de Alicia la no-navidad los otros 364 días del año, dando, compartiendo y amando siempre.

La fecha en todo caso invita a la reflexión. Entonces un abrazo, un “te quiero”, una mirada de amor, una verdadera expresión de amor valdrá más que una cosa, porque como vinimos nos vamos y lamentablemente, aunque las cosas quepan en el féretro, no las podremos usar.

Por mi parte en estas navidades no compraré ningún regalo. Eventualmente compraré materiales para hacer un regalo con mis manos (cosa que estoy tratando de hacer independiente de las fechas siempre),y de paso quiero compartir el más importante regalo que he recibido de mi personal rey mago-que es mi padre-y es esta frase:“Nunca es malo ser bueno”.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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