El día de las células madres

También puede ser día de ellas, las que componen nuestra realidad, nuestro cuerpo. Aquí no sirve la macedonia de mezclas tan esotéricas como ponerle la sombra de un espíritu para portarse bien.

Estábamos en los últimos años de medicina en la PUC cuando llegó la noticia. Un gringo John Gurdon le había sacado una célula del intestino a un sapo, con pinzas le sacó el núcleo (como el cuesco) y lo introdujo a un óvulo de rana. Una primera fecundación que tras 10 días produjo un sapo igual al sapo del cual se obtuvo el núcleo.

O sea la información para producir un nuevo sapo recién nacido, estaba contenida en el núcleo de una célula del intestino. Ahora sabemos que está en todas y cada una de las células del sapo y en los humanos.

Pasaron 40 años para que le dieran el Nobel a Gurdon porque demostró la capacidad de las células de ofrecer su información y le dieron a esas célulasel apellido de STEM o de la iniciación.Alguien lo tradujo al español familiarmente como células madres.

Describo el ambiente.La carrera era casi gratis, la pagaba el Estado en las tres escuelas de medicina del país, U, UC y Concepción. El Presidente de Chile era Jorge Alessandri, el Rector en la UC era un Obispo gordo con dislalia (confundía palabras y decía Vien-Mat) y lo sacamos con una FEUC con alumnas no beatas y el lienzo de “El Mercurio miente” a todo cuerpo en el frontis.

Si las micros subían 10 pesos, ahí salíamos a desfilar (nadie marchaba) no había “guanaco” y nadie se disfrazaba de encapuchado.

Otrosí: un médico de la U había decidido proteger a las comadres del área Sur que al quinto embarazo tenían disposición al aborto clandestino con riesgo de vida, tal como se le llama a la muerte. Fue el doctor Benjamín Viel quien las protegió con las píldoras anovulatorias para que no se enredaran con un quinto embarazo. Viel utilizó un producto elaborado por la Ciencia en los EE.UU.

A propósito del sapo de Gurdon citado más arriba y del trabajo de otros científicos que nos dimos cuenta que la Ciencia servía al género humano. Servía después de muchos días y años de investigar sin publicidad.

Cito lo anterior porque nadie se creía emprendedor y la investigación también servía. El concepto de investigar no aseguraba resultados económicos a manera de lo que creen otros, como Longueira.

Nos parecía importante señalar que el propósito de la investigación no es sólo aliviar el sufrimiento. Es también un intento de entendernos a nosotros mismos y al mundo en que vivimos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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