La investigación y la Agencia Nacional de Investigación

En el año 2020, la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) se convirtió en la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). De su antecesora, heredó los programas más exitosos y masivos: Fondecyt, que por medio de concurso público da fondos a proyectos de Investigación; y Becas Chile, que otorga becas de magíster y doctorado. En 1999, Fondecyt fue evaluado por el Banco Interamericano de Desarrollo, por el Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo de Canadá y por la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Hacienda.
Las tres evaluaciones fueron positivas.

Sin perjuicio de ello, ha habido críticas a dichos programas. A Fondecyt que los resultados científicos deban expresarse en un sistema de publicaciones científicas subordinado a criterios de revistas principalmente anglosajonas; la sub-representación de regiones y mujeres, lo que -en los últimos años- se ha mitigado; y que a las humanidades se les pida publicar en formatos poco amigables para ellas, despreciando, además, la publicación en libros chilenos. A Becas Chile se le ha criticado que favorece a las postulaciones a universidades de un listado de preeminencia anglosajón, que hunde las postulaciones sobre temas específicos donde solo hay especialistas en universidades de otras áreas geopolíticas.

Estas críticas no fueron consideradas por las evaluaciones de fines de la década de 1990. No es extraño, porque los criterios utilizados fueron algo ingenuos: no se tomó en cuenta los intereses geopolíticos de dos de las instituciones evaluadoras ni se consideró que los criterios de evaluación estaban marcados por la pretensión de que el Estado debe tratar a las instituciones científicas universitarias privadas de igual modo que a las estatales. Dicha pretensión se basa en el deseo de destruir las universidades públicas, instaurado en 1973, lo que es ampliamente rechazado en el país.

La Agencia Nacional de Investigación se ha dado tres objetivos: fortalecer la base científica y tecnológica del país; impulsar la formación de capital humano avanzado; y promover una cultura científica y tecnológica. Los objetivos son adecuados, pero inalcanzables. Por un lado, existe escasa coordinación entre el sistema nacional de investigación y el sistema de universidades públicas; por otro, Fondecyt y Becas Chile han sufrido un acoso burocrático que amenaza sus resultados y desincentiva postular a ellos. Veamos esto último.

Hasta 2018, el sistema de rendición de cuentas consistía en entregar resultados de investigación y ejercicio financiero a un grupo de fiscalizadores imbuido de las vicisitudes de una investigación. Tras esa fecha, el control académico no sufrió alteraciones, afortunadamente. En cambio, desde 2019 la rendición financiera de investigadores y becarios fue sustituida por un sistema que no es de rendición de cuentas, sino de persecución cuasi-forense.

Ya no importa el resultado de la investigación, ni que los fondos sean bien usados, lo que busca la ANID es que el cliente-deudor devuelva la mayor parte del dinero recibido para investigar. El mecanismo imita los sistemas de cobranza de las grandes tiendas. A toda pregunta, el sistema de administración de fondos responde con un "ticket" que da por resuelto el tema, cuando nada ha respondido ni resuelto. El sistema de "ayuda" está concebido como el "servicio al cliente" de retail, cuyo objetivo es que se desista por lo engorroso de cualquier petición. Durante la pandemia, el sistema de asedio a quienes deben rendir cuentas se ha fortalecido, en lugar de ofrecer alivio y condonación.

El resultado ha sido que, desde 2019, se gasta tanto tiempo en la rendición de cuentas como en estudiar o investigar. Con motivo de ello, un número importante de becarios e investigadores ha resuelto no postular a tales programas o bien renunciar a parte de los fondos recibidos, abandonando objetivos científicos. Desde 2019, la intrincada rendición de cuentas financieras de los programas de becas y de apoyo a la investigación ha desalentado la participación en ellos.

Los proyectos Fondecyt y Becas Chile son la puerta de entrada a la investigación en Chile. Los obstáculos puestos por la Agencia Nacional de Investigación a la rendición financiera de estos programas corroen el entusiasmo de los jóvenes por investigar. Sin esa base, ninguna política científica tiene sustento.

La sustitución de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo no ha traído beneficios para becarios o responsables de proyectos de investigación. Tampoco la agencia se ha coordinado con las universidades nacionales ni ha comprendido que el saber, hoy y como siempre, ha sido también materia de geopolítica.

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