La inminente asunción del gobierno encabezado por José Antonio Kast instala un nuevo escenario político y social que nos interpela directamente a las mujeres trabajadoras y a nuestras organizaciones. No se trata solo de un cambio de administración: estamos ante un momento que exige fortalecer la organización, la conciencia colectiva y la capacidad de acción del movimiento sindical y feminista del mundo del trabajo.
Las mujeres trabajadoras hemos sido protagonistas de avances significativos en las últimas décadas. Derechos laborales, reconocimiento del trabajo de cuidados, políticas de equidad, normas contra la violencia y mayores espacios de participación no han sido concesiones espontáneas del poder, sino conquistas construidas con organización, movilización y articulación social. Por lo mismo, sabemos que ningún derecho es irreversible.
Hoy enfrentamos un contexto regional que evidencia con claridad los riesgos. En países como Argentina, Ecuador, Bolivia y Paraguay se están desplegando procesos de contrarreforma que buscan retroceder en derechos sociales, laborales y de género conquistados durante los últimos 30 años. Ajustes, precarización, debilitamiento sindical, reducción del rol del Estado y discursos que relativizan la agenda de las mujeres forman parte de una tendencia que no podemos mirar con distancia, porque Chile no está ajeno a estas dinámicas.
Frente a este escenario, la primera tarea es clara: fortalecer la organización de las mujeres trabajadoras. No basta con resistir; es necesario construir capacidad política, sindical y territorial para incidir en las decisiones que afectan nuestras vidas. La organización no es solo un instrumento defensivo: es una herramienta para disputar el sentido común, para recuperar el tejido social y fortalecer la democracia.
En este marco, la urgencia de articular la unidad entre los distintos espacios de organización de mujeres se vuelve central. Sindicatos, organizaciones feministas, territoriales, estudiantiles, de trabajadoras formales e informales, de cuidados y del sector público y privado deben converger en un horizonte común: defender los derechos alcanzados y proyectar nuevas conquistas. La fragmentación debilita; la unidad fortalece.
Pero esta unidad no puede ser sólo declarativa. Debe traducirse en una plataforma política y social capaz de expresar las necesidades reales de las mujeres trabajadoras: trabajo decente, seguridad social, corresponsabilidad en los cuidados, erradicación de la violencia, igualdad salarial, reconocimiento del trabajo doméstico, y participación efectiva en la toma de decisiones económicas y políticas. Una plataforma que ponga en el centro la vida digna y no la lógica del mercado.
Desde la Vicepresidencia de la Mujer y Equidad de Género de la CUT asumimos que este momento histórico exige pasar de la preocupación a la acción organizada. Por ello, convocamos al Congreso de Mujeres Trabajadoras que realizaremos los días 5 y 6 de marzo, como un primer paso en las tareas que hoy nos proponemos.
Este Congreso no es solo un encuentro. Es un espacio de deliberación, de construcción colectiva y de definición estratégica. Allí queremos encontrarnos para compartir diagnósticos, proyectar agendas comunes, fortalecer redes y levantar una hoja de ruta que permita enfrentar los desafíos que se abren en esta nueva etapa política del país.
Sabemos que la historia del movimiento de mujeres y del movimiento sindical ha demostrado que cuando nos organizamos, avanzamos. Cuando articulamos fuerza social y política, somos capaces de transformar la realidad. Y cuando levantamos propuestas propias, dejamos de ser sujetas pasivas de las decisiones para convertirnos en protagonistas del rumbo del país.
Hoy más que nunca, necesitamos organización social y política. Necesitamos sindicatos fuertes, articulación feminista con un componente de clase, alianzas amplias y una voz clara de las mujeres trabajadoras en el debate nacional. Porque lo que está en juego no es solo la defensa de derechos, sino la posibilidad de construir un proyecto de sociedad que ponga en el centro la dignidad, la justicia social y la igualdad.
El Congreso de Mujeres Trabajadoras será el inicio de este nuevo ciclo. Un espacio para mirarnos, reflexionar, reconocernos y proyectarnos. Porque el futuro no se espera: se organiza. Y las mujeres trabajadoras de Chile tenemos historia, fuerza y convicción para hacerlo juntas.
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