El Pacto Digital Global (GDC) de la ONU ha despertado profunda inquietud en sectores que analizan la realidad desde una perspectiva escatológica. La convergencia de las tecnologías de vigilancia masiva, la identidad digital universal y la centralización financiera, respaldadas por una infraestructura técnica necesaria para el sistema de control absoluto, profetizada como el "reinado del anticristo", fundamenta su sistema de dominación tecnológica bajo la censura algorítmica impulsada por la "Inteligencia Artificial". En ésta se crean las condiciones exactas para un sistema donde la lealtad al poder centralizado es el único requisito para la supervivencia social y económica. Este es el plano final de la tiranía global profetizada.
El concepto de la "Marca de la Bestia" (Apocalipsis 13:16-17) describe un sistema donde la participación económica está condicionada a la aceptación de un identificador en la mano o la frente. El GDC impulsa la creación de una Identidad Digital Universal y la interoperabilidad de sistemas biométricos, lo que materializa esta profecía en varios niveles: a) exclusión económica total y b) la biometría y la marca física.
La profecía menciona a una segunda bestia, el "falso profeta", que realiza grandes señales y hace que la imagen de la bestia hable (Apocalipsis 13:13-15). En el contexto del GDC, esto se relaciona con la Inteligencia Artificial (IA) y la manipulación de la realidad: la verdad oficial algorítmica y el combate a la desinformación y el discurso del odio. Desde una perspectiva escatológica, esto se interpreta como el mecanismo para censurar el mensaje cristiano y cualquier oposición al nuevo orden global. Los algoritmos de IA, entrenados bajo valores seculares y transhumanistas, pueden identificar y suprimir sistemáticamente el contenido religioso, preparando el terreno para una "fuerte delusión" donde la sociedad crea "la mentira" (2 Tesalonicenses 2:11).
El GDC representa el esfuerzo más ambicioso por centralizar la gobernanza de la vida humana en el ámbito digital, eliminando la Soberanía Nacional, ya que, al supeditar los marcos legales nacionales a estándares globales de la ONU, el GDC erosiona la capacidad de las naciones para resistir políticas globales. Esto facilita la instauración de un gobierno mundial tecnocrático donde las decisiones no las toman representantes electos, sino expertos y algoritmos en organismos transnacionales, cumpliendo la visión de una autoridad global única.
Escatológicamente, se espera que el sistema del anticristo surja como una "solución de paz y seguridad" ante un caos global, llevando a las multitudes a aceptar voluntariamente el control total a cambio de estabilidad, tal como lo sugieren las tendencias actuales de adopción tecnológica por conveniencia. En este sentido, la reciente encíclica de León XIV, "Magnifica Humanitas" (2026), y el apoyo previo del papa Francisco al "Pacto Global sobre Educación" marcan una alineación sin precedentes entre el Vaticano y las redes de la ONU, en la que la perspectiva oficial algorítmica apunta al relato de la fraternidad humana en el marco de la formación de una religión mundial. En conclusión, el liderazgo religioso centralizado y la infraestructura financiera digital sugieren la formación de un ecosistema de control total.