Menos burocracia y más certezas para invertir. Ese debiese ser el foco del nuevo gobierno que asumirá el 11 de marzo de 2026, en un escenario que sigue siendo complejo para las pequeñas y medianas empresas. Las pymes no esperan discursos refundacionales ni promesas vacías; esperan reglas claras, proyectos en marcha y un Estado que facilite en lugar de obstaculizar.
No es un tema menor. Las pymes constituyen entre el 97% y 99% del total de empresas formales en Chile, según la Séptima Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE-7) del INE. Además, generan aproximadamente un 65% del empleo formal del país. Sin ellas, simplemente no hay reactivación posible.
Sin embargo, hoy enfrentan un escenario marcado por bajo crecimiento, altos costos operativos y una burocracia que frena la inversión, especialmente en sectores estratégicos, como por ejemplo, la construcción. De hecho, diversas inmobiliarias pequeñas enfrentan riesgo de insolvencia debido a la caída en ventas, el alto costo del financiamiento y el término del crédito fiscal IVA a la construcción.
Cuando un proyecto se paraliza, no solo se detiene una obra: se frenan empleos, se corta la cadena de pagos y se debilita todo el ecosistema productivo. A esto se suma la "permisología": trámites que se extienden por meses y una excesiva carga regulatoria que termina desincentivando nuevas iniciativas.
En este contexto, aunque el 53% de los chilenos declara sentirse más motivado a emprender con un nuevo gobierno (XIII Encuesta Ecosistema Emprendedor), esa expectativa podría diluirse si no se traducen en cambios concretos en simplificación administrativa y certeza regulatoria.
El nuevo gobierno tiene una ventana de oportunidad. Los primeros meses serán decisivos para enviar señales claras: avanzar hacia una ventanilla única digital, acotar plazos de respuesta del Estado y facilitar el acceso a financiamiento. No se trata de privilegios, sino de condiciones mínimas para que invertir y emprender vuelva a ser una apuesta razonable.
El Estado debe ser un aliado de las pymes, no un obstáculo. Si el cambio de mando logra traducirse en menos trabas y más ejecución, la reactivación dejará de ser un eslogan y comenzará a sentirse en el empleo, en la inversión y en el crecimiento. Ese es el verdadero desafío económico de 2026.
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