Qué triste volver a las cavernas

En una muestra que confirma su racismo y xenofobia, como si se consideraran una agrupación humana formada por gente de raza "pura", arios de una blancura impoluta, la derecha chilena decidió sumarse al coro mundial de voces retrógradas que animan el odio y desprecio al extranjero para ganar popularidad y obtener dividendos políticos.

Lo hacen distorsionando los hechos y confundiendo la inmigración con la delincuencia, como si sus cercanos antepasados no hubieran sido migrantes que encontraron acogida y solidaridad en la generosa hospitalidad brindada por el pueblo chileno en su tierra.

Como se ha sabido por propia confesión de los involucrados, la derecha en reunión sostenida con el ex Presidente Piñera, decidió lanzar esta ofensiva no sólo para provocar un cambio en el debate público relativo a las inversiones en pesqueras peruanas del ex gobernante, sino por qué además contaban con antecedentes previos de encuestas que validarían este juicio de rechazo a los inmigrados que se han avecindado en Chile.

Esta decisión xenófoba no respeta conceptos éticos, criterios civilizacionales o de derechos humanos, muy por el contrario, se trata de recurrir a lo que esté a mano, a una desfiguración de la realidad, en grosero perjuicio a la vida en comunidad, ello no importa; lo que se busca es la ganancia chica, lo que rinda, el aprovechamiento mezquino de lo que sea, en esta oportunidad del prejuicio al que llega de afuera, por ellos mismos provocado y estimulado.

Esa es la conducta política que rebaja la democracia, que la consume en propósitos mezquinos, como distraer la atención y alejar a la gente de hechos incómodos o fronterizos a ilícitos que mezclan política y dinero, o sea, se usa el drama humano de miles de familias inmigrantes tras objetivos que desnaturalizan y, a la larga, envenenan la democracia.

Es volver a la época de las cavernas, pero ahora de terno y corbata, portando iPhone y como consumidor de internet. No obstante, sea con seda  de China o telas de Italia, por mucho perfume francés que se use, crema de biotecnología que se ocupe y lujos que se paguen, incitar el odio al diferente, al inmigrante por naturaleza débil y vulnerable, es volver al uso del garrote, en este caso, mediante la discriminación y la marginalidad social, menoscabar a un grupo humano significativo alterando la sana convivencia del país.

Este golpe de "autoridad" de la derecha pretende, entre otras mezquindades, sintonizarse con Trump, asociarse al lenguaje rudo y procaz del ahora Presidente electo de los Estados Unidos. Es el complejo chilensis, copiar lo malo, la vulgaridad y la chabacanería de ese nuevo "relato" político. En suma, la xenofobia del piñerismo transpira ignorancia y desnuda el desprecio al pluralismo y la multiculturalidad que empapa y distingue el país de hoy.

Qué penoso es ver a individuos poderosos, repletos de dinero, persiguiendo inmigrantes que vienen de los mismos países donde sus inversiones agrandan sus fortunas hasta el infinito. Cuan penoso resulta ver a controladores de imperios empresariales, recurriendo a medios publicitarios tan ruines y falsos para lograr, fomentando la xenofobia, una cuota de respaldo social que de otra manera no conseguirían.

Por mucha que sea la ansiedad por ocupar el palacio presidencial, debiesen respetarse los límites éticos que impiden recurrir a métodos tan deleznables. Por grande que sea la adicción  al poder no hay que perder la decencia. Al final la idea que "el fin justifica los medios" castiga a sus propios patrocinadores.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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