Señales de alerta

La actividad económica y su evolución siguen marcadas por los avances y retrocesos en el ámbito sanitario. La incertidumbre en el control de la pandemia afecta las expectativas de los actores económicos, lo que sumado a la ausencia de una estrategia sanitaria clara, dificulta precisar un horizonte claro de recuperación económica.

No es fácil la tarea de los analistas que deben predecir el desempeño de la actividad.

En el reciente IPoM de junio, el Banco Central sorprendió a moros y cristianos al elevar inesperadamente la proyección de crecimiento del PIB para este año a un rango entre 8,5% y 9,5%. La nueva estimación se sitúa 2,5 puntos por encima de la que auguraba apenas 3 meses antes, en su informe de marzo. Además, la nueva cifra es superior en casi 2 puntos a las proyecciones del Banco Mundial, el FMI y la OCDE, una distancia significativa y difícil de justificar sobre la base a un eventual rezago de esas entidades a los datos domésticos.

La visión optimista del Banco Central no parece tomar en cuenta la agudización de la crisis sanitaria. Al día siguiente de la presentación del IPoM, el Gobierno anunció la cuarentena en toda la Región Metropolitana, con los efectos que ello supone para el desarrollo del comercio y las actividades productivas. De esta manera, más del 60% del PIB nacional estaría afectado por la medida sanitaria. Con estos cambios sanitarios, que no se están alineando con los objetivos de normalizar los niveles del empleo y de la economía, se hace aún más difícil predecir los factores de recuperación.

Más allá de este optimismo, que no logra contagiar a los actores económicos, también es curiosa la incidencia que asigna a distintas iniciativas en el crecimiento del PIB de 2,5% en lo que va del año. Por un lado, atribuye 1,1 puntos a las ayudas fiscales -que a mayo suman más de US$ 6.000 millones- y, por otro, a los retiros de las AFP por US$ 35.000 millones le asigna una incidencia de sólo 0,4 puntos. ¿Cómo se explica esta diferencia?

En esa predicción tampoco se considera el posible menor crecimiento debido a factores idiosincráticos que han provocado temor y sentimiento de incertidumbre a las bolsas y a los mercados de bonos.

Sin duda, lo que nos debe preocupar a todos -en especial a quienes tienen responsabilidad sobre las políticas públicas- es la recuperación del empleo. El rezago y el reciente estancamiento que muestran las cifras del Banco Central afectan directamente la capacidad de las familias para recuperar los ingresos que acostumbraban percibir antes de la pandemia.

Hasta el momento, los empleos recuperados son en su mayoría informales. Esto es, en condiciones laborales precarias, con intermitencias y sin una adecuada seguridad social. Este cambio de lo formal a lo informal pronostica fragilidad e insuficiencia de los ingresos laborales.

Relacionado con lo anterior, resulta particularmente alarmante el retroceso de 10 puntos en la participación laboral femenina, regresando a niveles de hace una década. En tiempos de reivindicación de la igualdad de género, no es aceptable que las autoridades no tomen cartas en el asunto y no enfoquen sus esfuerzos en la recuperación del empleo con factores de género.

En este dramático contexto para las familias chilenas, no puede sino ser una señal de alerta y preocupación el anuncio del Banco Central de anticipar un carácter menos expansivo de la política monetaria. A nuestro juicio, dicha señal es prematura y se desentiende del rol que debe cumplir una política pública en el apoyo a las familias chilenas, anteponiendo su mandato de estabilidad de precios.

Nadie cuestiona la relevancia del control de la inflación, que es el mandato legal del Banco Central, ya que es un flagelo que ataca principalmente a familias de menores ingresos. Sin embargo, dicha tarea no puede apartar al regulador de las circunstancias apremiantes por las que pasan los hogares y supeditar ese drama al control del nivel de precios.

En el mundo desarrollado y moderno, la banca central es capaz de velar por la actividad y el empleo sin desatender su responsabilidad por la estabilidad de precios.

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