Conciliar trabajo y familia, ¿Guarderías de barrio?

La violencia intrafamiliar en Chile es una dramática realidad. Abarca tanto a mujeres como a niños de todas las edades, pero se concentra en los niños más pequeños y en las familias de estratos socioeconómicos más bajos. Tres importantes factores que influyen son la pobreza, la falta de redes de apoyo y oportunidad laborales de las madres.

Una mujer puede tener la intención de hacer un cambio en su vida y dejar atrás la violencia, pero sin recursos no hay cómo hacerlo. Urge aumentar la tasa de empleo femenino, pero, por otro lado, sin cuidado de los hijos no hay opción de trabajo.

Existen en Chile las salas cunas y los jardines infantiles que son una alternativa para que las madres salgan a trabajar, dejen a sus niños y aumenten los ingresos de las familias. Sin embargo, por temas más culturales que de oferta, las madres de los quintiles más bajos (1° y 2° quintil) no mandan a sus hijos a estos lugares. Sobre un 70% declara que “no es necesario que asistan porque ellas los cuidan mejor”.

Ante esta realidad y con los aprendizajes de la pandemia, se hace indispensable repensar la educación preescolar. Debemos salirnos de la idea de que la educación parvularia es solo en aulas, tenemos que potenciar a los padres como primeros educadores y es urgente abordar el rol activo de la mujer como aportante de recursos al hogar.

Con estas variables, las guarderías de barrio cobran mucho sentido. Debemos acercar la educación temprana a las casas y articular comunidades con un sólido tejido social que permita que las mujeres se apoyen y cuiden entre si.

Una cuida niños y las otras salen a trabajar. Por cierto, entendiendo que, antes de implementar esta modalidad, habría temas prácticos y, especialmente de seguridad de los niños, que resolver.

En nuestra Fundación llevamos cuatro años ejecutando un programa de visitas domiciliarias en que una monitora va casa por casa, dos veces por semana, a trabajar con la madre y el hijo preescolar para preparar su ingreso al colegio, a través del desarrollo de habilidades cognitivas, sociales y emocionales, y de la formación de vínculos afectivos familiares amorosos y duraderos.

1.800 mamás han pasado por la Fundación. Tenemos la posibilidad de que ellas - que fueron capacitadas -, puedan hoy ser guardadoras en sus propios barrios. Quizás aquí se abre una puerta para conciliar trabajo y familia, que seguro traerá recursos, autoestima y libertad, con miras a dejar atrás la violencia.

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