El dolor de la inocencia

Impresionante  como la comunidad internacional, se movilizó para ir al rescate de 12 niños y su profesor perdido en las enormes cuevas de Tailandia,  los que desesperados buscaron refugio  tratando de  escapar  de las torrentosas lluvias del Monzón.

También el país  recibió la ayuda y  apoyo técnico especializado,  cuando 33 mineros quedaron atrapados en la mina San José, ubicada en la comuna de Caldera a 30 km. de Copiapó, permaneciendo 70 días bajo 720 metros de profundidad. Fue un sufrimiento que recorrió la espina dorsal de la nación, nadie quedó indiferente.

Hasta la fecha es el mayor  y más exitoso rescate de la historia minera planetaria. Todos volvieron con vida, gracias a la voluntad de muchos y muchas.

La Teletón, es reconocida como la campaña de  aporte económico voluntario de chilenos y chilenas  que durante “27 horas de amor “ contribuyen para la construcción y mantención de los Institutos de rehabilitación infantil, para el tratamiento de niños y niñas con diferentes discapacidades, la última de estas hazañas fue superada con la suma de 32.522.111, millones, cifra nada  despreciable, especialmente al constatar por la TV los sufrimientos de nuestros infantes  en las condiciones paupérrimas, que muchos de ellos viven, sin los tratamientos que el Estado debiera proporcionarles.

Cada día aparecen nuevos programas para ayudar a la niñez, con capacidades diferentes, “Conciencia Inclusiva” visibiliza las enormes dificultades que tiene los menores, para insertarse en la sociedad, sin ser odiosamente discriminados en todas y en cada una de las etapas de su desarrollo personal.

Estas acciones humanitarias y  seguramente muchas más que funcionan anónimamente me mueve a una segunda reflexión.

Frente a un tema nacional altamente sensible, cuyo destape nos ha dejado conmocionado  a todos, los crímenes de lesa humanidad que se cometen a diario con los niños, niñas y adolecente en el país.

Son  los irreparables daños infringidos por abuso sexual infantil, “de  cómplices pasivos” que parapetados tras el espejo negro de sus sucias conciencias, han gozado  de una impunidad, vergonzosa, que nos debe llamar severamente la atención. 

El dolor de la inocencia, es la mancha que difícilmente podremos reparar, aunque gracias, a algunas escasas personas, afectadas  en su adolescencia, levantaron su voz, contra viento y marea, denunciando lo que  les sucedió.

El doctor James Hamilton, el periodista Juan Carlos Cruz  y el filósofo, Juan Andrés  Murillo, gritaron al país y al mundo, hasta llegar a ser escuchados en el Vaticano por el incrédulo Papa, ¡como un sacerdote de la parroquia del Bosque Fernando Karadima  reiteradamente abusaba sexualmente de ellos!

La olla de inmundicia se comienza a destapar, en el Clero, a lo largo y ancho de todas las diócesis del país, una estela de indignación, remueve las bases del catolicismo nacional, la crisis de la Iglesia, vino con la renuncia de todos los Obispos, involucrados por acción directa u omisión cómplice.

La esperanza es lo último que se pierde y al final del túnel oscuro, aparece la luz salvadora, que podrá redimir en parte el daño causado a tantos y tantas. Ellos al fin, podrán dormir tranquilos, sin el temor que a otros, en peores circunstancias les pase  lo mismo.

El 3 de mayo pasado el ejecutivo puso suma urgencia a la moción parlamentaria  que dormía desde el 2010 en las comisiones legislativas,  la cual penalizaba estos delitos, es más, por la presión ciudadana y de los afectados, envió la indicación declarando la imprescriptibildad, de estos delitos sexuales.

En el  cuerpo legal se va establecer que los delitos declarados imprescriptibles son los de violación, estupro, abuso sexual, exposición a actos de significación sexual, producción de material pornográfico, y favorecer la prostitución, cuando se han cometidos en contra o bien se han visto involucrados como victimas menores de 18 años.

El 3 de Julio la moción fue aprobada en general por el Senado, en una votación unánime e histórica, que ha sido reconocida internacionalmente.

El dolor y el daño causado no prescriben, queda la huella para siempre marcada en la niñez ultrajada.

La tercera reflexión, los organismos del Estado, como los centros del Sename, y sus colaboradores cuestionados por su indolencia e incapacidad de proteger, cuidar, y educar a los niños en situación irregular, han fracasado rotundamente, debemos apuntar a una nueva organización que acoja con profesionalismo  y capacidad a nuestros infantes.

Solo en lo que va corrido del presente año, han fallecido 15 niños, según informe entregado, por la comisión de familia de la Cámara de Diputados, los que se suman a los 1.313  que dio a conocer el informe de la comisión investigadora.

No basta, para redimir las nuestras conciencias, con tirarles una moneda de 100 pesos, a  los niños y niñas, que hacen malabarismos en las esquinas, mientras el semáforo esta en rojo.

La desigualdad tan marcada en el país, es el pan que les falta, que no alcanza, que no tienen, llevándolos a mendigar, a robar o delinquir para sobrevivir, en una sociedad que les es adversa, desde la cuna a la tumba.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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