Niños en situación de calle ¿y ahora qué?

547 niños han sido reportados viviendo en situación de calle, según el Conteo Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes en Situación de Calle 2018, dado a conocer recientemente por el ministerio de Desarrollo Social y la Familia. Un número que por decir lo menos impacta, y que da cuenta de una infancia que se vive en la más absoluta desprotección a vista y paciencia de todos.

¿Qué estamos haciendo por ellos? ¿Cómo llegamos oportunamente con una red de apoyo integral? Es necesario tomar cartas en el asunto y no quedarnos impávidos frente a una realidad que golpea.

Urge hacernos cargo de las premuras en materia de salud física y mental, para luego iniciar procesos de inserción social y vinculación prioritaria a la red de protección social existente, pero ciega.

Como ya hemos visto, hoy la oferta existente no es de calidad ni mucho menos integral, atiende la urgencia, pero no logra la rehabilitación efectiva, pues no existe prioridad, por ejemplo, en tratamientos para el consumo problemático de alcohol y drogas en nuestros niños.

Peor aún, es paradójico que, siendo una cifra oficial absolutamente abordable por los dispositivos del Estado, no se resuelva de manera efectiva, inmediata y completa. Finalmente, aquellos niños y adolescentes, víctimas de vulneración de sus derechos, deambulan sin destino por las calles, a la espera de algo que no pasa.

Ahora bien, es fundamental saber si la cifra indicada tiene relación alguna con lo señalado por el Ministro Cisternas, quien - a comienzos de año - cifró la existencia de 350 niños, niñas y adolescentes, con medidas de protección que o no han podido ser ubicados por los tribunales, o figuran como egresos administrativos en Sename, o como pre egreso o, si peor aún, están vigentes en el sistema.

Sin ir más lejos, hemos sido testigos de cómo quienes estando bajo la protección del Estado, en residencias de Sename, se fugan declarando graves vulneraciones desde sus residencias y centros. Se trata de un número dinámico, que va creciendo y a veces se estabiliza sin que nadie haga un esfuerzo importante por contactarlos, a pesar de la evidente cercanía de las redes públicas.

Hoy esos niños han formado verdaderas familias con un vínculo surgido en la necesidad. Lamentablemente para intervenir, desde la red pública, deben separarse y enfrentar por si solos lo que les depara el futuro. Básicamente, separarlos del único afecto que los ha mantenido bajo protección. 

Por esta razón, es fundamental que la intervención que se realice incorpore sus necesidades, los reconozca como personas, y valore los recursos y factores protectores que ellos mismos han generado en la precariedad de la calle.

Es valorable el esfuerzo del Ministerio en liderar este conteo, la voluntad política de hacerlo visible es un paso importante. Pero ciertamente tendrá mucho más valor, cuando desde los márgenes lleguen al corazón de la política pública. Desde su invisibilidad se asoman niños, niñas y adolescentes que requieren de acciones, políticas y programas efectivos y con evidencia, localmente articulados con organizaciones presentes en los territorios de la frontera social.

Es preciso facilitar la inclusión para que sea el antídoto al abandono, y permita la construcción de un destino distinto para cada uno de ellos. Uno donde su desarrollo positivo sea realidad.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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