El duro camino de la lucha contra la desigualdad en Chile

La desigualdad en Chile clama justicia. La vemos en el ingreso, en la propiedad, en la educación, en la residencia, en el estilo de vida, en la riqueza de redes sociales, en el acceso a la educación, en salud y en el poder que puede ser la causante o mantenedora de todas las otras desigualdades.

El factor más importante en la génesis y mantención de esta desigualdad es el régimen capitalista, en un capitalismo salvaje, pseudo neoliberal, con empresarios de una avidez por las ganancias como no se encuentra en casi ninguna parte. Una empresa extranjera educacional dijo que jamás había ganado tanto como en Chile. En la riqueza neta, según informes de la Cepal de hace 4 años, el 1% más rico concentra el 26,5% y el 50% de aquellos con menores ingresos tiene solo el 2,1%, es decir hay una concentración de 631 veces (el ingreso del 50% de menores ingresos) en el 1% más rico. Si ampliamos al 10% más rico este concentra el 66,5% de la riqueza neta. En cuanto a ingreso, datos recientes indican que entre esos 10 más ricos hay ingresos anuales de 300 millones de dólares y más. Veamos redondeando cifras cuanto le ingresa anualmente a alguien que gana el salario mínimo ($326.500) con un dólar a $725 son 450 dólares mensuales y al año son 5.400 dólares. Debe notarse que el 50% de los trabajadores gana menos de $401.000 (U$ 553) mensuales. Estas riquezas aumentan a decenas o una centena de personas si ponemos un ingreso anual de 54 millones de dólares, es decir 10.000 veces el salario mínimo anual.

¿Vale alguien o su trabajo 10.000 veces más que otra persona? Es irritantemente injusto. Todos trabajamos en promedio igual de duro; por ahí no va la diferencia que está en la injusticia del sistema. La Constitución tendrá una piedra muy dura que romper para garantizar equidad de ingresos. Se dice que los trabajos valen diferente; sepa que nadie ni siquiera al mismísimo Marx ha podido fundamentar que los oficios o profesiones ganen distinto; por una condición simple todos son trabajos humanos y los seres humanos somos genómicamente iguales en 998 de mil nucleótidos y diferimos solo en 2 de mil. La dignidad humana y del trabajo son las mismas.

En la propiedad la desigualdad es peor, hay terratenientes con cientos de miles de hectáreas cuando 15 o más millones de chilenos no tienen ni una. Chile tiene 43.000 islas, 24.000 son de propiedad privada ¿Cuándo se vendieron? ¿A quién se pidió permiso? Los chilenos nunca lo hemos dado. La Constitución tendrá que garantizar la distribución equitativa de la propiedad; uno de los huesos más duros. En Chile la propiedad es del Estado o de todos los chilenos, está implícito en la Constitución actual y explicito para la propiedad del subsuelo (minería). Pero los gobiernos han dado concesiones incluso indefinidamente que violan la equidad en la propiedad. Cuando se quiere restringir la concesión a 30 años se forma un griterío que acalla toda proposición. En Chile no puede haber expropiación porque nada le pertenece a nadie en especial y es patrimonio de todos los chilenos pero no se nota.

Resulta que la Biblia dice que nadie puede apropiarse indefinidamente de la tierra porque la tierra es de Dios, pero aquí en Chile se dicen cristianos o judíos o islamitas para quienes vale esa prescripción, pero nadie la cumple. La nueva Constitución tendrá que roncar en que las concesiones tendrán que ser dada por organismos estatales que representen realmente al pueblo y no existen, tendrá que crearlos. Pero estos organismos primero tendrán que generar una política de Estado y un programa de desarrollo de Chile donde toda repartición de propiedad o riqueza esté evaluada, fallada, fiscalizada y programada para rendirle el máximo a todo el pueblo chileno.

El principal origen de las desigualdades y su crecimiento inexorable radica en el sistema capitalista, no solo en Chile sino en todo el mundo. Es inmediato viendo lo que se enriquecen las transnacionales y como se empobrecen relativamente los más pobres; en Chile los más ricos se enriquecen en la pandemia mientras los pobres sufren miserias. Aunque en promedio la humanidad se enriquezca pero la distribución es injusta. Esto se debe a que el capitalista es el propietario de los medios de producción lo que crea una desigualdad imposible de superar ya que tiene el poder casi omnímodo hasta sobre la vida de los trabajadores. Invierte sí y solo sí va a sacar una ganancia superior a la que sacan los trabajadores; esta ganancia repartida asimétricamente más para el empresario que para los trabajadores es lo que constituye la explotación, dejar de pagar lo que el trabajo y la vida del trabajador vale (y vale lo mismo que el trabajo y vida del empresario) para reservarse ganancias injustas éticamente aunque justas legal y constitucionalmente. La humanidad si quiere realmente terminar con la desigualdad debe terminar con el sistema capitalista. La nueva Constitución deberá favorecer los sistemas horizontales como cooperativas, trabajo comunitario, de autogestión, etc.

La peor desigualdad es la del poder. El poder del empresario sobre el trabajador es incomparable, porque el poder del trabajador dentro de la empresa es casi cero. Los alemanes se dieron cuenta y han cambiado el concepto de empresa. Las empresas no son democráticas, el empresario hace y deshace con ella y nadie le puede poner coto; las leyes pueden burlarse fácilmente por triquiñuelas. Hablamos de las empresas grandes las pymes son otra cosa y lo estamos viendo, son desiguales en menor escala. El ser humano vive 9 o más horas en las empresas sin democracia, luego el país no es democrático, porque 9 horas diarias no lo son.

Podría seguir con una decena de inicuas condiciones. Las Condes y La Pintana o Cerro Navia son distintas, y ni hablar de las comunas de la Araucanía; el acceso a la información, la educación...

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