En días de conmoción, la visión imborrable del Cardenal Silva Henríquez

Hace 35 años, en mayo de 1983, se anunció por decisión del Vaticano el fin de la misión del Cardenal Raúl Silva Henríquez como arzobispo de Santiago, la que ejercía desde 1961, y el prelado Juan Francisco Fresno, el 10 de junio tomó posesión en su reemplazo.

Sin embargo, el Cardenal Silva Henríquez fue insustituible. No existió quién pudiera igualar su liderazgo. Su brega por la libertad y la democracia, su respeto a la dignidad de la persona humana, su valentía y compromiso con tales valores esenciales, le dieron una estatura universal, como pocas figuras eclesiásticas en nuestra historia.

Al darse a conocer la noticia, en la dictadura festejaron que en la Curia romana hubieran nombrado ...al fin!!! un sucesor para quien se había constituido en la voz de los sin voz y en vocero de la demanda libertaria de la nación. En la derecha, con regocijo descorcharon botellas de champán, como fue el 11 de septiembre del 73, festejando el Golpe de Estado.

Pero, la maciza obra del Cardenal perduró, no se doblegó el compromiso de la Iglesia Católica con los Derechos Humanos ni se domesticó al pueblo de Chile para que se resignara a la opresión de la dictadura. La voluntad popular fue más fuerte y las Jornadas de movilización social iniciadas en ese mes de mayo, siguieron impulsadas por las organizaciones populares y las comunidades parroquiales que no querían vivir bajo “la paz de los cementerios”, denunciada por Silva Henríquez.

La Conferencia Episcopal continuó su labor de prestar apoyo al débil y al perseguido, denunciando las condiciones de pobreza en que vivía un tercio de la población del país, sin trabajo y sin educación, como resultado directo de la crisis del período 82-83, efecto de las convulsiones creadas por el modelo económico - social, defendido a ultranza por la derecha chilena.

Incluso, el sucesor de Silva Henríquez, el Cardenal Juan Francisco Fresno, en agosto del año 1985, en medio de las graves tensiones sociales generadas por la crisis económica y la represión política, promovió un entendimiento de apertura a la democracia, con el nombre de Acuerdo Nacional, que el dictador rechazó a través de un Subsecretario.

No obstante, un conservadurismo ancestral asilado en las estructuras burocráticas del Vaticano, articulado por el creciente poder del ex Nuncio en Chile, Angelo Sodano, diseñó y luego ejecutó desde Roma, un plan de revancha para excluir del Episcopado a los discípulos de Silva Henríquez y designar una curia elitista, mesiánica, ultramontana, que cercenó el nudo que daba vida a las diócesis y la concurrencia de los fieles. 

Así lograron dar un vuelco en la situación al dejar de lado la “opción preferencial por los pobres”, formulada por el Episcopado Latinoamericano en 1979, en Puebla, el resultado está a la vista: una crisis sin precedentes en la Iglesia Católica de Chile.

¿Cómo pudo ocurrir un vuelco tan radical ?, una intervención que abandonó sin contemplaciones la comprensión del Evangelio desde la dignidad humana al ensimismamiento clerical, que ahora ha sido vehementemente criticado por el Papa Francisco, en la carta que entregó a los Obispos en Roma, el martes 15 de Mayo.

Al decir de la Conferencia Episcopal de Puebla, “todo aquello que afecta la dignidad del hombre, hiere, de algún modo, al mismo Dios”; debiésemos medir la visión de este mensaje que anticipa las palabras del Papa, “su pecado se volvió el centro de atención”.  Sin ideales compartidos con la comunidad se provocó una reclusión clerical que precipitó un vacío moral insospechado.

A las víctimas ya recibidas por Francisco, se suman 5 sacerdotes también abusados por el cura Karadima, confirmando la tragedia creada por el “cambio de centro eclesial” señalado en el Documento del Papa, lo que confirma que los valores universales defendidos por el Cardenal Silva Henríquez, se enraízan con los preceptos esenciales de la Iglesia Católica, siendo insustituibles.

En estos días de conmoción, Chile debe recordar a quien fuera su Cardenal, Raul Silva Henríquez, un pastor visionario, de profunda vocación social y espíritu solidario, hijo de la tierra chilena, que supo ser sabio y valiente cuando fue necesario.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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