Estado y Globalización

El debate sobre el discurso de la globalización se puede sintetizar en que, unos afirman que la globalización es posible porque existen individuos globalizados, cuyas actividades son controladas por los Estados. Mientras que otros sostienen que participar en el mundo globalizado implica millones de interacciones entre individuos -donde quiera que se encuentren- y que el Estado juega un papel irrelevante.

Internet ha replicado el mundo y sus idiomas en una cómoda virtualidad que está en la pantalla del computador, dispuesto para los individuos que son alfabetos digitales. Y no pocos individuos reconocerían la realidad como aquella que le dicta su pantalla, en cualquier día y hora.

Se ha conformado una clase pequeño burguesa mundial –sostienen algunos gurús informáticos- que vive de este mundo digital.Compran y venden a diferentes escalas, productos o servicios, que involucran a proveedores con empresas de telecomunicaciones, transportes y logística general, para llegar al comprador donde quiera que éste se encuentre.

A través del computador, los individuos -en cualquier localidad- pueden acceder a una realidad virtual que pretende ser reflejo de la realidad real. En gran medida es así. El fenómeno en sus comienzos ha sido conocido como la condición “glocal”.

Los entusiastas dieron una vuelta de tuerca subrayando que los fenómenos locales tienen una repercusión global. No todos, no exageremos, depende de la magnitud del daño o la cantidad de millones que depare el beneficio. Fukushima y el lanzamiento del IPad en Los Ángeles, fueron sucesos locales que tuvieron impacto global.

El mundo virtual es el sueño de los enciclopedistas del siglo de las luces. Elevado a una potencia en constante alza.

No es un mundo de masa, es un espacio de individuos interactuando en un mundo de redes, dando y recibiendo información. Sirve para múltiples fines.En primer lugar, para comunicarse instantáneamente con cualquier lugar del mundo; para acceder a la mayor biblioteca universal; conocer personas, historias y lugares; comprar, viajar, cocinar, calcular y también, copiar y pegar en las tareas intelectuales. Lo que ha revolucionado la educación.

¿Cuál es el mundo real? Es lo que queda cuando el computador se apaga.Queda el lugar donde está el cuerpo presente.En Chile, a los individuos residentes en el país -incluidos los extranjeros- se les otorga un número que está en la base de la identidad personal. Sus modernos códigos resumen una biografía esencial de la persona.

Lo real de los individuos en la era de la globalidad es la condición de ciudadano de un Estado democrático. Si no es democrático, el Estado normalmente controla el acceso a Internet, lo que constituye una realidad insatisfactoria para cualquier persona del siglo XXI.

Porque solo en su propio Estado, los individuos son reconocidos como ciudadanos. Como tales son sujetos de derechos que pueden ampliar a otros Estados, solo si su Estado de origen, mantiene convenios al respecto, debido a que -en última instancia- es su fiador.Esto se mostró con claridad en el caso de Repsol-YPF en Argentina.

Somos hijos y padres de nuestro propio Estado. En el territorio controlado por nuestro Estado soberano, vivimos y morimos. Aquí, elegimos a nuestras autoridades y lo que ellas dispongan, solo tiene validez en un país llamado Chile.

Ya es un lugar común decir que todas las distancias están a nivel de un “clic” en el mundo digital, pero allí no respiramos, no estiramos las piernas y no nos tomamos un café.Aunque este último lo puedan traer a casa.

Puede que viajemos en avión, compremos al otro lado del mundo por Internet, vayamos a un crucero, pero siempre somos chilenos y seguramente en un país extranjero, tenemos menos derechos que en el propio. Que lo digan los migrantes.

La globalización no se elige, está siendo. Pero los Estados tienen que tomar decisiones respecto al modo en cómo se inserta cada país en este proceso mundial.No bastan los tratados, ni los viajeros de negocios, turistas o estudiantes de posgrado. Puede que avancemos a la modernidad, pero es insuficiente e insolidario.

El futuro es lo opuesto, se trata de un nuevo Estado. Uno que incorpore la participación de los ciudadanos en los asuntos de su incumbencia o interés, y que vea en esta acción, un deber moral para con la integridad de la comunidad política.De una modernidad inclusiva, de esto se trata la globalización para nuestro país.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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