La hora cero

Los dolorosos y graves acontecimientos sucedidos este fin de semana en el país son lamentables. Una herida que se abre a la memoria de un pasado reciente, que quienes lo vivimos y sufrimos, no quisiéramos que se vuelva a repetir.

Algunos ejecutivos solo piensan que las masivas y espontáneas protestas son productos del alza del precio de los pasajes del Metro en el gran Santiago, están una vez más, sumidos en un craso error. Equivocación que les costara muy caro…espero que se den cuenta pronto.

Chile entero está indignado, desbordando la paz ciudadana.

La “bronca” acumulada es el reflejo de la desigualdad vergonzosa que humilla a todos.  El abuso reiterado del sistema imperante por más de tres décadas explota con rabia, indignación y molestia generalizada.

La gente salió a protestar por las malas pensiones, los arbitrarios y excesivos cobros en los servicios básicos de luz, agua, transporte, remedios, educación, salud, vivienda y la endémica corrupción que atraviesa todo el espectro nacional.

Sobre todo, por los bajos salarios con lo que sobreviven la mayoría de los trabajadores y trabajadoras, que no les alcanzan para cubrir los básicos gastos del mes, endeudándose en cuanta institución financiera ofrece créditos con intereses especulativos.

Como si esto fuera poco, la delincuencia, violencia y narcotráfico, es pan nuestro de cada día. Los asesinatos, asaltos, portonazos, robos, marcan una constante espiral que nadie la detiene.

Esa es parte de la realidad, lo cotidiano, lo que abruma y molesta, a todos, quienes se ilusionaron con el famoso eslogan copiado de que “vendrían días mejores”

La política y los políticos no han estado a la altura de los tiempos, menos a las señales que la sociedad está reclamando. La desobediencia-civil, es fruto de las redes sociales. Nada más, quienes pretendan subirse por el chorro, están dando la hora.

La revolución de los Pingüinos, en el 2006, tuvo dirigentes y líderes estudiantiles. Hoy en este octubre Negro, no existen conductores de estas manifestaciones que, de legítimas, se trasforman en un vandalismo y pillaje del lumpen, sobrepasando a la capacidad de las policías

Hay que escuchar la voz del pueblo, ahora. El punto es que el gobernante, no quiere oír, solo actúa cuando el agua le llega al cuello, después de cenar con su familia en una pizzería en Vitacura, aunque la capital está envuelta en llamas.

Un cambio de Gabinete es urgente, con cirugía mayor, la ministra de Transporte corresponsable, de los hechos, no es la única, son otros los instigadores del negacionismo, como que nada pasa.

El ausente Ministro del Interior, primo-hermano, del Presidente, Andrés Chadwick, encargado de la Seguridad Interior del Estado, solo se ha dedicado, a denostar e insultar a la población, con sus desatinadas declaraciones.

El déficit está en el comité político, que no ha dado el ancho. La hora cero llegó, es el tiempo de cambiar de rumbo.

Aconsejan mal al desorientado Presidente, que retrotrae al gobierno, a medidas extremas que sufrimos en dictadura. Desligar la responsabilidad de gobernabilidad en manos de la Fuerzas Armadas, por la incapacidad de dialogar, con las instituciones democráticas, es lavarse las manos igual que Pilatos.

Las principales regiones del país, están en Estado de Emergencia, con toque de queda inclusive, a cargo del general Javier Iturriaga, jefe de la Defensa Nacional, quien decide y dispone, de las libertades individuales de la población.

Pinochet fue también un hombre de confianza del régimen derrocado, aprendamos la lección.

Aunque los hechos Sr. Piñera sobrepasaron su capacidad, nunca es tarde para actuar con verdadero sentido de Estado, llamar a un Acuerdo Nacional, permitirá resolver los angustiantes problemas que sufren todos.

Que no tengamos irremediablemente que lamentar más tarde algún, oscuro desatinado caudillo militar, que pretenda sublevar y desconocer la democracia que tanto nos costó recuperarla.

Presidente Sebastián Piñera, si no es capaz abdique, igual como lo hizo, O’Higgins, por el bien la Nación. Los golpistas bolsonaros están a la vuelta de la esquina, ya tienen discípulos en Chile, solo esperan dar el zarpazo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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