¿Quién gana con el fallo del TC?

La derecha y el Tribunal Constitucional lo han hecho una vez más. 

Primero, el TC modificó indebidamente el texto de la ley aprobada en el Congreso sobre interrupción del embarazo en tres causales, incorporando la objeción de conciencia institucional.   

Ahora, por la vía de impugnar el reglamento, amplía esa objeción a las entidades privadas que cumplen funciones públicas financiadas por el Estado.

Es decir, los supuestos derechos de las clínicas valen más que los derechos de las mujeres.

Sin posibilidades de lograr la mayoría en el anterior Congreso, que aprobó la ley, ni en el actual, para modificarla, han optado por el recurso extremo de utilizar al TC con la connivencia del Presidente de la República, para limitar la aplicación de la ley votada por la mayoría en el Parlamento.

En la práctica, aprovechando las trampas institucionales que aún quedan en la Constitución, la minoría del país le impone su criterio a la mayoría.

Puedo entender que un grupo de fanáticos conservadores impulsen estas estrategias, pero me es difícil entender cómo arrastran detrás suyo a toda la derecha, incluso la supuestamente más liberal, como Evópoli, confirmando una vez más que el ala liberal es aún débil en la derecha chilena.

Pero el problema mayor de estos triunfos pírricos en el TC, es que estos grupos ponen en tensión a toda la institucionalidad y con ello, dificultan los acuerdos y refuerzan las posiciones de quienes impulsan cambios más radicales.

No han trepidado en arrastrar al propio Presidente de la República, que no solo es Jefe de Gobierno sino que también Jefe de Estado y, como tal, le correspondía cumplir su rol defendiendo las leyes y los reglamentos, deber que omitió cumplir. 

No les ha inhibido el respeto a las mayorías del Congreso Nacional.  Para ellos, la voluntad soberana expresada en el Parlamento, no tiene mayor valor. 

Me pregunto, en adelante ¿qué acuerdos se pueden llegar en el Congreso, si la minoría luego impugna ante el TC la parte del acuerdo que no le gusta?  ¿Qué sentido tiene legislar sobre Reforma de la Salud, por ejemplo, si frente a lo que se apruebe correrán al TC para defender los intereses de las Isapres, así como ahora lo han hecho por las clínicas privadas?

No les ha importado debilitar a la Contraloría General de la República, y con ello acrecentar la desconfianza en el sistema político, pues muchos interpretarán lo ocurrido como una pasada de cuenta al rol fiscalizador que ha ejercido el Contralor con especial celo y rigor.

Por último, no han tenido respeto por el propio Tribunal Constitucional, al que han involucrado una y otra vez en la contingencia política, arriesgando la poca credibilidad y autoridad que le va quedando y profundizando su falta de legitimidad.

Podrán celebrar. Sí.  Pero los que verdaderamente debieran celebrar, son aquellos que buscan desestabilizar la institucionalidad, apostando a una polarización y al ascenso del populismo autoritario que ha logrado triunfos en otros países.

La centroderecha debiera ser más cauta o menos ingenua, porque está llevando agua al molino de la extrema derecha.

La centroizquierda debe empeñarse con más fuerza en desmantelar estas trampas antidemocráticas que van quedando y evaluar con cuidado cualquier acuerdo con el Gobierno pues existe el serio riesgo de que lo que firme con una mano lo borre con la otra.

El balance final es que el sistema político y la institucionalidad del país son más débiles hoy, después del fallo del TC y eso, la mayoría del país, no lo puede celebrar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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