Crisis y misión: cuando la crisis se vuelve gracia

El cardenal Chomali, arzobispo de Santiago, publicó una carta que incomoda, y que incomoda para bien. "Crisis y Misión" es un diagnóstico honesto sobre lo que está ocurriendo con el catolicismo en Chile: hace 20 años el 70% de los chilenos se declaraba católico; hoy solo el 44%. Entre los jóvenes, el número de quienes no profesan ninguna religión se triplicó en ese mismo período. Y lo más revelador es que en 2024 el 57% de los que se dicen católicos no tiene interés en transmitir la fe a sus hijos. No es solo una estadística. Es parte del reflejo de nuestra época.

Y no debería sorprendernos del todo. Vivimos en una cultura que avanza hacia vaciar el tiempo de interioridad, que quiere convertir al ser humano en alguien que produce, optimiza y consume, pero que ya no sabe contemplar ni pertenecer. Una cultura así no solo aleja a las personas de Dios: las aleja de sí mismas. El 62% de los jóvenes chilenos que declara haberse sentido solo, el 44% que dice no ser bueno para nada. Es el retrato de una generación que se acostumbró a conectar a través del ruido del mundo y olvidó que existe el silencio donde encontrarse.

Esta orfandad no es nueva ni accidental. Es el fruto de un largo proceso en que las personas, habiendo perdido a Dios, tampoco han logrado encontrarse a sí mismas. La promesa de que la autonomía individual lo resolvería todo resultó insuficiente, dando paso a una soledad profunda, que de libertad no tiene nada y apaga la esperanza de la vida.

¿Y qué hace la Iglesia frente a esto? La carta del cardenal invita a movilizarnos y cambiar nuestra manera de ser iglesia. No basta con hacer una nueva misión, hay que tener alma misionera. Y eso exige, primero, volver a las fuentes. La fe no es un sistema de normas ni un conjunto de obligaciones que cumplir para estar bien con Dios. Es un encuentro. Es el asombro ante una persona (Cristo) que salió a buscarnos antes de que nosotros supiéramos que lo buscábamos. Todo lo demás, la moral, la comunidad, el compromiso social; se desprende de esta fuente verdadera e inagotable.

Monseñor Chomali escribe para esperanzar, porque la crisis también puede ser, como él mismo señala, un momento de gracia. La oportunidad de depurar una fe que a veces fue más cultural que convicción, más costumbre que amor. Hoy es el momento en que la Iglesia puede volver a ser lo que fue desde el principio: una comunidad de personas que se asombraron ante alguien que no se esperaban, y que no pudieron quedarse calladas.

Y aquí el arzobispo hace una afirmación que vale la pena detenerse a escuchar: "Todas las civilizaciones de la historia se han construido sobre la base de la creencia en Dios. Y la nuestra, dice, no será diferente". Quien conoce bien la historia y sabe que el corazón humano, por mucho que lo distraigan, dice san Agustín, sigue inquieto hasta que descansa en algo más grande que sí mismo; sostiene esta convicción que se remonta a los primeros cristianos y que se vuelve esperanza reconfortante en que la Iglesia Católica tiene su piedra angular en Cristo.

En la UC trabajamos por ser una universidad católica en una sociedad que se pregunta, con curiosidad genuina y a veces con escepticismo legítimo, qué significa esto. Y la respuesta no puede ser solo institucional. Tiene que ser vital, encarnada, capaz de hablar a quien se siente solo a las dos de la mañana con el celular en la mano.

Esto es lo que tenemos para ofrecer: una dirección clara que da sentido a la esperanza. Una esperanza que contagia a quienes no creen o viven creyendo que no son buenos para nada cómo dice el cardenal, pero que al igual que los cristianos que no tienen respuestas para todo, hoy saben hacia dónde caminar, incluso en la oscuridad, porque solo una luz se necesita y esa luz es Cristo resucitado.