La movilidad enfrenta obstáculos crecientes: tiempos de viaje en aumento, estrés colectivo y un transporte de mercancías que sufre con la congestión urbana, encareciendo los costos logísticos. No es solo incomodidad diaria; es una crisis que afecta la calidad de vida, la productividad y la cohesión social.
Frente a esto, la Organización Mundial de la Salud propuso: priorizar peatones (los más vulnerables), luego modos no motorizados, transporte público, carga y, al final, vehículos particulares (Pirámide invertida). Sus focos son la salud, una menor contaminación, eficiencia del espacio público, equidad social y accesibilidad. En Chile, el Ministerio de Transportes carece de un plan que se aproxime a estos objetivos. En los últimos años se ha limitado a comprar buses eléctricos para la Región Metropolitana, medida insuficiente ante la magnitud del desafío. La ausencia de visión estratégica se ha traducido en proyectos aislados, postergados, inequidad territorial y personas afectadas en tiempo y salud.
Proyectos que esperan y territorios rezagados
Un plan integrado que combine salud, sostenibilidad y cobertura nacional debería incluir iniciativas paralizadas hace años:
Inequidad territorial que ya no es sostenible
A la parálisis de proyectos se suma una profunda brecha en el gasto público. La Región Metropolitana concentra el 73% de los subsidios al transporte público con solo el 40% de la población. En la RM, en Metro y ferrocarriles se han invertido más de USD 10.000 millones, a los que se sumarán USD 9.000 millones adicionales para 4 nuevas líneas. Mientras tanto, las regiones esperan soluciones básicas postergadas por décadas.
Un plan integrado corregiría esta brecha, mejoraría el acceso a servicios esenciales y conectaría zonas productivas con puertos y fronteras. El transporte no es solo infraestructura: es la red que articula el desarrollo nacional y protege a quienes más dependen del espacio público.
Hora de hacerse cargo
Nada de esto ocurrirá sin conducción política real. Se necesita un ministro de Transportes que diseñe un plan y que lidere la coordinación interministerial y construya una alianza con el Presidente de la Republica para llevar adelante una agenda de largo plazo.
Las personas mayores y los niños que caminan y cruzan calles sin veredas, las mujeres que viajan en sistemas inseguros y los trabajadores que pierden horas en traslados interminables merecen un Estado a la altura. Hacerse cargo de la movilidad sostenible e inclusiva es hacerse cargo del desarrollo del país.