De algo hay que morir

Un hombre cumplió 60 años y, a petición de su esposa, fue al médico a hacerse un chequeo completo. Con los exámenes en la mano, el doctor fue directo:

"Tienes que dejar de fumar si quieres seguir viviendo y llegar a la jubilación"

Días después, el hombre relataba este diagnóstico "aterrador" a sus amigos, en una junta de fin de año, con un cigarrillo encendido entre los dedos.

"Fumo desde que tengo 12 años, no voy a someterme a tal estrés a estas alturas de mi vida... ¿para qué? Si de algo hay que morir"

La semana siguiente, el hombre con su esposa estaban en su casa, a punto de salir, cuando suena el timbre. Para su sorpresa, era su hija, que en ese entonces tenía un poco más de 30 años.

"Mamá, papá, vamos al salón, debo decirles algo importante"

Los papas se miraron sin entender nada y cuando se sentaron, su hija les dice:

"Van a ser abuelos, estoy embarazada"

Esa noche el hombre no pudo dormir, daba vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. A las 4 de la mañana se levantó y recorrió cada rincón de su casa, cuando amaneció, tomo todos los cigarrillos, el tabaco, las pipas, los puros cubanos que había reservado para una ocasión especial y los tiro a la basura.

"No volveré a fumar nunca más"

Esta historia real que relata en sus charlas Alex Rovira Celma, destacado escritor y divulgador catalán, nos invita a reflexionar sobre un tema muy relevante y que dice relación al cambio y/o transformación de nuestras vidas.

Vivimos vidas alocadas, guiadas por el dinero que nunca alcanza, trabajamos estresados y nunca llegamos a fin de mes. Siempre apurados, siempre cansados, nunca tenemos tiempo para nada: temprano salimos de casa sin desayunar, almorzamos cualquier cosa por ahí y volvemos a seguir trabajando en lo domestico: tareas de los hijos, almuerzo para el otro día, aseo y un sinfín de cosas que no se hacen solas.

Pero llegada la noche, hechas todas las cosas, es nuestro momento: nos sentamos, prendemos un cigarrillo y nos tomamos alguna cosita: una lata de cerveza o una copa de vino, porque nos lo merecemos, para eso trabajamos, para eso somos buenos ciudadanos que pagamos nuestros impuestos, somos personas de bien que merecemos tener ese momento de "bienestar", de relajo.

Y así, nos vamos consumiendo y maltratando día tras día, entramos en un círculo vicioso del que es muy difícil salir, de romper: estresados, mal alimentados, sedentarios y adictos al alcohol y el tabaco... pero bueno, de algo hay que morir ¿no? Y vivimos resignados, como todos, asumiendo que la vida es así.

¿En serio vamos a esperar que un médico nos diga que vamos a morir para cambiar? Entonces ese cambio nunca se producirá, ahora le explico por qué.

Cuando se nos quiere obligar a cambiar, nuestro cerebro se pone en alerta y activa mecanismos de resistencia. Aparecen emociones como el miedo, la ansiedad o la frustración, y con ellas, un cóctel neuroquímico que incluye adrenalina, noradrenalina y cortisol, hormonas asociadas al estrés. Este estado prepara al organismo para defenderse o huir, no para cambiar. Nos resistimos al cambio y nuestro cerebro nos ayuda a ello.

En ese estado, pensando si cambiamos o no o derechamente intentado cambiar obligados, aparece una vocecita que nos dice: "De algo hay que morir" y no cambiamos o recaemos, como le sucedió al protagonista de nuestra historia.

Entonces ¿Estamos condenados? ¿Qué marca la diferencia? El sentido y propósito que tengamos en nuestras vidas.

Nuestro protagonista no dejo de fumar porque su hija estuviera embarazada, dejo de fumar porque se activó en él la necesidad de ser abuelo, de acompañar a su hija en el proceso más bello que puede vivir una mujer, de tomar en brazos a un bebe indefenso que tiene su misma sangre, de cuidarle, de malcriarlo, de verlo crecer y descubrir el mundo, este es ahora su sentido y propósito de vida.

Cuando supo que sería abuelo, el cerebro de nuestro protagonista activó el sistema de recompensa, liberando dopamina, endorfinas y oxitocina, sustancias vinculadas con el placer, la motivación y el bienestar y cada vez que volvió a tener ganas de fumar, apareció una vocecita desde su cerebro que le decía: "Debo vivir, debo ser abuelo"

El sentido y propósito de nuestras vidas marca la diferencia y nos ayuda a vivir más y mejor, no podemos ni debemos esperar a que nos digan que vamos a morir para cambiar, no hay tiempo, debemos comenzar ya.

¿Qué hacemos entonces? Si usted con esta lectura se motivó y decidió dejar el alcohol, el cigarrillo, levantarse a las 5am para hacer deporte y cocinar su comida todas las noches para evitar la chatarra que le ofrece los lugares cercanos a su trabajo, es muy probable que no lo logre.

El cambio debe ser con sentido, como ya lo expuse, y paulatino, en pequeños actos.

Dan Buettner, periodista e investigador estadounidense, ha estudiado durante décadas los lugares del mundo donde las personas viven más y mejor: Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Icaria (Grecia), Península de Nicoya (Costa Rica) y Loma Linda (California, EE. UU.). En ellos descubrió 9 principios claves que las personas de estos lugares practican y se relacionan con su buena y larga vida:

Propósito, tener un para qué levantarse cada mañana; movimiento natural, no hacen "ejercicio", pero se mueven todo el día, caminan, cultivan, limpian, suben escaleras; reducir el estrés, con rituales diarios como dormir una siesta, orar, socialización, reunirse con los amigos; regla del 80%, dejar de comer cuando están saciados, no llenos; dieta basada en plantas, legumbres, verduras, frutas, cereales integrales... la carne es ocasional, no central; alcohol con moderación y en comunidad, principalmente vino tinto, nunca en exceso y siempre acompañados; sentido de pertenencia, ser parte de una comunidad, puede ser espiritual o religiosa, no necesariamente dogmática; familia primero, adultos mayores integrados, no aislados; tribu correcta, amistades que refuerzan hábitos saludables.

Como puede ver, no es una receta ni son grandes desafíos, son pequeños grandes hábitos y acciones que se sustentan en evidencia científica de tipo epidemiológico y longitudinal, así como en aportes de la psicología de la salud y que usted puede integrar a su vida, de a poco y con calma.

Estamos comenzando un nuevo año y seguramente usted, como yo, tendrá vacaciones, es el momento perfecto para comenzar su transformación, pero recuerde que el comienzo parte por dejar de preguntarnos de qué vamos a morir y empezar, de una vez, a preguntarnos para qué queremos vivir.

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