La Psicología Comunitaria y su aporte a los conflictos sociales

Hace poco tiempo vivimos una oleada feminista en distintos espacios universitarios, que dieron lugar a una tensa reflexión entre mujeres y hombres sobre su relación vinculada al tema del poder. Podríamos decir que este es el conflicto más relevante del siglo XXI.

Es probable, pero,  no es el único problema importante, al menos hay dos más.

Uno de ellos tiene que ver con las demandas indígenas y otro con la fuerte inmigración a nuestro territorio.

No olvidemos a Daniel Zamudio, un joven homosexual que fue agredido y asesinado en un parque por jóvenes de edad similar contrarios a esa expresión sexual. 

No dejemos atrás tampoco movimientos sociales como el “No Mas AFP” y el de defensa territorial frente a proyectos energéticos como Hidroaysén o No Alto Maipo.

Sin duda hay otros conflictos vigentes hoy en día,  no obstante, los ya mencionados son muy diferentes a otros que estuvieron presentes en nuestra sociedad en el pasado (vigentes algunos de ellos) y que tuvieron una altísima relevancia, como la explotación laboral, desempleo, bajos salarios  y la pobreza.

Estos son y han sido traumas sociales que en el marco de diferentes disciplinas, nuestra sociedad  ha buscado solucionar, incluida la psicología social comunitaria,  rama de la ciencia que tendrá la ocasión de celebrar por primera vez en Chile la Séptima Conferencia Internacional  de Psicología Comunitaria a desarrollarse los primeros días de octubre en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Desde esta disciplina entonces, algunas explicaciones sobre los conflictos mencionados.

Por un lado entre las actuales dificultades ya indicadas, y las de antaño, hay varias distinciones.  Una de ellas es que los desastres en el ámbito laboral (de mediados del siglo XX) fueron visualizados desde  las diferencias de clase y además focalizados en el campo de lo económico. 

Donde  la variedad de sujetos sociales presentes en nuestra sociedad, fueron integrados e  invisibilizados bajo un núcleo principal  centrado en la disputa entre los trabajadores y los empresarios por el control de las  ganancias. Todo ello se expresó en huelgas, marchas  y sindicatos, contra medidas represivas o políticas sociales disuasivas implementadas para no disminuir los privilegios a la elite dueña de la empresa, y su enfoque liberal o neoliberal.

El elemento transversal de este conflicto entre trabajadores y empresarios era que unos y otros estaban de acuerdo, en cierto modo, sobre el futuro de la sociedad en el sentido de la búsqueda de un país moderno, desarrollado, con alta calidad de vida, uso de la tecnología, inserto satisfactoriamente en la economía internacional.

Ese conflicto de antaño,  ya no es del mismo tipo que los  actuales  del siglo XXI, donde no interesa particularmente  resolver la cuestión económica sino atender  una lucha social, que se expresa más bien en el ámbito relacional.  Campo que tiene dos derivadas. Una es el tema de la identidad y otra es el área de otras visiones del desarrollo, que colinda estrechamente con diversas cosmovisiones culturales de vida. Veamos algunos de los problemas ya mencionados.

El feminismo, principalmente no es una lucha por una ganancia económica sino sobre la injusta y desigual distribución del poder a favor de los hombres, en detrimento de las mujeres. Problema que afecta a las mujeres de clase baja, de clase alta, a mujeres  militantes de partidos de izquierda, a mujeres de grupos indígenas, campesinas, etc.

Es un conflicto que tiene una expresión completamente transversal en todos los rincones de nuestra sociedad. Es un problema relacional.

Las reivindicaciones de personas con otras orientaciones sexuales, homosexuales o lesbianas, transexuales, entre otros, apunta a un complejo  ámbito  que es el reconocimiento de una identidad sexual distinta.  Mucho más allá de las establecidas y promocionadas por las sociedades modernas, que básicamente circulan en la defensa del matrimonio entre un hombre y una mujer.

Y, finalmente  el movimiento indígena nos viene a plantear que su reivindicación principal, fuera de las demandas por recuperación de tierras,  es el reconocimiento de la sociedad mayor de su existencia como una nación. Que no  implica, construir un país aparte ni algún tipo de separatismo, sino la comprensión  por parte de todos los sectores de la sociedad de lo pluricultural y por tanto de lo plurinacional, es decir tener un país con varios naciones como ocurre en Bélgica,  India, Sudáfrica, Canadá, Suiza, entre otros.

Todas estas demandas recientes tiene un aspecto en común, la diversidad. 

Son reivindicaciones que exigen a nuestra sociedad un cambio, una evolución, una gran  transformación que llora a gritos que ocurra, pues la población ya no quiere más, no le interesa más ser catalogada, definida, nominada, encasilla bajo una sola  identidad, bajo una cosmovisión que no es la que los constituye. 

Como dirían algunos autores, las sociedades monoculturales ya no tienen cabida, hoy día es el momento de la pluralidad, de los diferentes.

Entonces, ¿cuál es la tarea de la Psicología Social Comunitaria?, precisamente trabajar con  diferentes grupos y desarrollar un acercamiento, y con ello generar un cambio social.

Pero, esta pretensión de mejora en las relaciones, no es simplemente ponerlos de acuerdo sobre una meta común, sino algo muchísimo más complejo que es entrar en el flujo de la conformación de las identidades. Esto por cuanto no es que un grupo exista per se, sino que su consolidación depende del otro, del vínculo, de la comparación,  en definitiva de la construcción mutua.

La terminología más cercana al respecto es el diálogo, el debate colectivo, la intersubjetividad, la interculturalidad e incluso el trabajo con  otras dimensiones como es el diálogo de saberes.

Esperamos  que nuestra Conferencia convoque a la sociedad a una reflexión sobre la diversidad, pero no sólo eso, sino invite a mejorar lo relacional en la explosión de sujetos sociales que  ya no quieren más modernidad sino un cambio de civilización.

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