Dudas y esperanzas para un nuevo año

Es compartido que el año 2018 no fue bueno para la cultura. Sin embargo, hay indicios de que el 2019 podría ser mejor. Lo acontecido al despuntar el nuevo año en el CCEM y en el Instituto de Chile, son síntomas de aquello. Veamos.

El año pasado, el mundo de la cultura sufrió tres impactos negativos fuertes.

El primero fue la amenaza, afortunadamente superada, de reducir presupuestos en un 30% a un conjunto de instituciones sin fines de lucro, que debieron destinar gran parte de sus energías en revertir tal amenaza. Desde luego, ellas contaron con la solidaridad activa, del resto de las instituciones que tienen, en sus directorios, presencia de la sociedad civil. 

El segundo fue la rotativa ministerial, que impidió apreciar con claridad avances en el sector, más si uno de ellos significó una amenaza cierta a la cultura del país, debido a declaraciones negacionistas de aspectos tan cruciales como las violaciones a los derechos humanos.

El tercero es la tardanza en la instalación del nuevo ministerio y sus entidades participativas.

Ello ha llevado a advertir un retroceso en la participación que ya era una conquista del sector y denuncias públicas de decisiones arbitrarias, especialmente en el área patrimonial.

Sin descartar la inexistencia del Consejo Nacional que dejó sin instancias de reclamación superior a los fondos concursables y sin poder designar jurados en los Premios Nacionales. 

Estas tres situaciones demostraron, felizmente, la musculatura que ostenta el mundo cultural, gracias a la participación y el lugar que ha adquirido en forma sostenida desde el regreso a la democracia y que hoy está al tanto a lo que sucede en su sector y reacciona con unidad, prontitud y con una opinión clara y fundada. 

En el Centro Cultural Estación Mapocho, su comienzo de año no pudo ser más auspicioso.

Una convocatoria inicial de Alejandra Urrutia, la primera mujer chilena directora de orquesta, fue sumando apoyos desde la sociedad civil para desarrollar un gran concierto por la Hermandad, centrado en la participación - en escena y en el público - de centenares de inmigrantes.

Más de cinco mil asistentes, ciento veinte músicos, cuatro solistas, un coro de 203 voces provenientes de Alemania, Argentina, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Escocia, España y Venezuela, dieron fe de la relevancia de ese tema. La Novena Sinfonía de Beethoven, en ese contexto, se escuchó particularmente bien.

Al día siguiente, en "una pequeña calle del centro de Santiago" en "estos tiempos de asombro", como se señaló en los sólidos discursos de la ocasión, por primera vez en 133 años de existencia una académica mujer asumió la dirección de la Academia chilena de la Lengua.

Coincidentemente, a Adriana Valdés le correspondió iniciar un trienio de presidencia del Instituto de Chile, que es encabezada rotatoriamente por cada una de las seis academias, tres de las cuales son actualmente dirigidas por mujeres, entre ellas, la de Bellas Artes, que encabeza Silvia Westermann.

Detalle no menor si se considera que el Instituto tiene un puesto fijo en cada uno de los jurados de los Premios Nacionales, que debieran fallarse el próximo mes de agosto, es de esperar con la dotación completa de sus jurados en las disciplinas artísticas, lo que lamentablemente en 2018 no aconteció, a pesar que la ley del nuevo ministerio así lo señala.

Estimula el optimismo, la creciente confianza del mundo cultural en la actual ministra, Consuelo Valdés, y una tendencia a ir superando los atrasos en la conformación de la institucionalidad, en especial con la lenta constitución de los Consejos regionales que la misma ley considera.

Debiera esperarse que, en 2019, se realice un amplio debate sobre las formas y compromisos de financiamiento cultural por parte del sector público, que quedó pendiente el año que termina y que reviste la mayor importancia pues quedaron en el aire ciertos conceptos del sector hacienda, más que discutibles.

Así también deberíamos esperar la profundización de la participación en la institucionalidad en todo el país, junto con ejemplarizadoras sanciones a los traficantes de bienes patrimoniales que en 2018 comenzaron a ser denunciados y juzgados.

Y la extensión del "tupido velo" que parece estar descendiendo sobre la poco feliz iniciativa de un museo de la democracia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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