No nos cansamos de ver clásicos, porque en ellos radica la historia de la humanidad, con los conflictos, incoherencias, emociones reprimidas, animalidades, sexualidad, inconsecuencias, malos olores, perfumes, luces y sombras. Así, fue un agrado ver la obra de teatro "Un enemigo del pueblo", del brillante y siempre vigente dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906), quien más de algún problema tuvo en su época.
Si bien la obra que se presenta en el Teatro Finis Terrae mantiene la esencia del original, fue adaptada por Juan Pablo Troncoso, poniéndola en sintonía con la actualidad: inteligencia artificial, streaming, celulares. Se agradece el protagonismo de las mujeres. Por ejemplo, en el original de Ibsen hay un alcalde, en la versión actual es una alcaldesa, y suma y sigue.
La actriz Paulina García (alcaldesa) muestra la experiencia y trayectoria que tiene. Logra de manera soberbia lo más difícil: interpretar a una mujer contenida, calculadora, sin manifestaciones histriónicas. Por el contrario, el personaje de Rodrigo Soto es apasionado y expresivo (Tomás Stockmann), logra conmover al público con su entrega total en el escenario. Gran actuación.
María Gracia Omegna, Germán Pinilla, Sofía Guiraldes y Laura Vila hacen lo suyo, con excelentes actuaciones. La dirección de Alexandra von Hummel consigue la complicidad de los actores y actrices, con un interesante ritmo, gracias el cual las dos horas de la representación no se siente.
El diseño integral, a cargo de Catalina Devia es efectivo y funcional, ayuda al ritmo del que ya se detalló. Escrita por Ibsen en 1882, la pieza comienza con una comunidad cuya prosperidad depende de un balneario.
Cuando el doctor Tomás Stockmann descubre que sus aguas están contaminadas, hacer pública la información significa poner en riesgo la economía local y enfrentarse a autoridades, prensa y vecinos que hasta entonces formaban parte de su entorno.
Esta nueva producción Universidad Finis Terrae es financiada por el Fondo Nacional de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas, Línea de Apoyo a Teatros Universitarios, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, programa que se espera que siga, ya que es un aporte a la cultura del país.
Una seña de esperanza ante la distopía: la pasión. Está en el Teatro Finis Terrae hasta el 30 de octubre.