Cada 1 de mayo conmemoramos a los trabajadores de nuestro país, pero también enfrentamos una reflexión mayor, comprender que el empleo no es únicamente una fuente de ingresos, sino el motor más poderoso de desarrollo personal, cohesión social y progreso nacional.
Trabajar no solo significa intercambiar tiempo por salario. La actividad laboral consolida, entrega propósito, da estructura y materializa proyectos de vida. No solo permite que millones de personas contribuyan al bienestar de sus familias, sino que también aporta activamente al desarrollo de sus comunidades y del país. El empleo es, en esencia, una herramienta de progreso, realización individual y estabilidad nacional.
Hoy enfrentamos una realidad que exige acción urgente. La última cifra de desempleo dada a conocer por el INE, que alcanzó 8,9%, confirma con claridad que Chile necesita recuperar dinamismo, fortalecer su capacidad productiva y generar más empleo formal. Estas cifras no son solo estadísticas, representan a miles de familias que esperan oportunidades, estabilidad y futuro.
Nuestro desafío como país es claro. Chile necesita retomar una senda sólida de desarrollo que permita reactivar la economía, fortalecer la creación de puestos de trabajo y devolver certezas a millones de personas. Solo así podremos avanzar con decisión hacia la reconstrucción nacional que hemos propuesto.
En ese contexto, el Plan de Reconstrucción Nacional no es solo una hoja de ruta económica, sino una estrategia integral que busca reactivar al país desde su base más importante, sus trabajadores.
Como Ministerio del Trabajo tenemos una convicción profunda. Chile necesita más y mejores empleos, porque el bienestar de las familias, la estabilidad social y el desarrollo sostenible dependen de un mercado laboral fuerte, moderno e inclusivo.
Nuestra agenda avanza en medidas fundamentales como el crédito tributario para incentivar la contratación formal, especialmente en pequeñas y medianas empresas, que representan el corazón del empleo en Chile, la revisión del reglamento de la Ley Karin, para asegurar ambientes laborales sanos, seguros y eficaces sobre la base de evidencia y mejora continua; y el proyecto de Sala Cuna Universal, que busca ampliar oportunidades concretas para las mujeres, para las madres trabajadoras y fortalecer su participación en el mercado laboral.
Cada una de estas iniciativas responde a una visión estratégica orientada a fortalecer el empleo, derribar barreras históricas y generar condiciones reales para que más personas puedan desarrollarse a través del trabajo.
Pero este desafío requiere también de una cooperación público-privada sólida y eficaz. La reactivación laboral y la reconstrucción de Chile solo serán posibles si el Estado, el sector privado y los trabajadores avanzan de manera articulada, promoviendo inversión, productividad y oportunidades compartidas.
Debemos avanzar con fuerza en la inclusión laboral femenina y, al mismo tiempo, priorizar a nuestros jóvenes, quienes hoy enfrentan una de las tasas de desempleo más altas de la OCDE.
En ellos se juega una parte importante del futuro de Chile. Incorporar a los jóvenes al mundo laboral no solo combate el desempleo actual, sino que significa formar a los próximos líderes, emprendedores y trabajadores que impulsarán la innovación, la productividad y el desarrollo de las próximas décadas.
Este 1 de mayo debe ser una invitación a comprender que el trabajo no solo transforma la vida de las personas, mueve a las naciones. Porque cuando protegemos, modernizamos y fortalecemos el empleo, no solo mejoramos indicadores económicos. Reconstruyamos juntos Chile desde su base más importante, las personas.