Les pedimos que trabajaran

El aumento del desempleo femenino se ha transformado en un problema social y económico que afecta el bienestar de miles de familias y limita el desarrollo del país. Cuando una mujer que quiere trabajar no encuentra oportunidades, se reducen los ingresos del hogar, aumentan las dificultades para salir de la pobreza y se desaprovecha talento fundamental para el crecimiento. No es un tema menor si se considera que Chile cuenta con 4,8 millones de mujeres jefas de hogar y que el 59% de ellas pertenece a los tramos de mayor vulnerabilidad, según el Registro Social de Hogares.

Las últimas cifras muestran que el desempleo femenino alcanzó 10,5%, mientras la participación laboral de las mujeres llega al 53,4%, muy por debajo del 71,8% de los hombres, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Empleo del INE. Esto ocurre pese a que las mujeres representan el 52,9% de la matrícula de primer año de educación superior, según la Subsecretaría de Educación Superior.

La situación es especialmente compleja para las mujeres con menor calificación. Muchos de los empleos que históricamente han servido como puerta de entrada al mercado laboral están siendo transformados por la automatización, la digitalización y la inteligencia artificial. El impacto ya es visible: durante el primer trimestre de 2026 había 22.050 mujeres menos trabajando en actividades financieras y de seguros que un año antes, según cifras del OCEC de la Universidad Diego Portales elaboradas con datos del INE.

Desde Fundación Familias Primero trabajamos diariamente con madres que buscan generar ingresos y construir mayor autonomía para sus familias. Muchas de ellas hicieron exactamente lo que durante años les pedimos: estudiar, capacitarse y buscar trabajo. Sin embargo, las barreras siguen siendo importantes. En el quintil de menores ingresos, el 15,3% de las mujeres en edad de trabajar permanece fuera del mercado laboral por razones de cuidado, frente al 2% de los hombres, según el estudio Zoom de Género de ChileMujeres, OCEC UDP y la Cámara de Comercio de Santiago.

A ello se suma una economía que genera empleo con dificultad. Las mujeres jóvenes son hoy uno de los grupos más afectados por el desempleo, mientras que en los hogares monoparentales con jefatura femenina la pobreza por ingresos alcanza 39,8%, de acuerdo con un análisis del CEP basado en la Casen 2024.

Si queremos ampliar las oportunidades para las mujeres, necesitamos avanzar en cuidado infantil, reconversión laboral frente a los cambios tecnológicos, modalidades de trabajo compatibles con las responsabilidades familiares y condiciones que favorezcan la contratación formal. El empleo femenino sigue siendo una de las herramientas más efectivas para reducir la pobreza y ampliar oportunidades.